Milei se agarra del fallo ypf mientras su gobierno se desangra por dentro
El presidente festejó una victoria judicial que le llegó justo cuando su Casa Rosada se derrumba por los cimientos. La foto en Olivos con la banda presidencial y el pulgar en alto no logró tapar el olor a quemado que sale del despacho de Adorni ni el silencio incómodo de Karina Milei cada vez que alguien pregunta por Santiago Caputo.
El golpe de efecto que no convence a nadie
El fallo favorable en Nueva York sobre YPF fue presentado como un KO al establishment internacional. La ironía duele: el mismo gobierno que denuncia el «estatismo» celebra que un tribunal estadounidense avalara la estatización de Repsol. El mercado, escéptico, castigó el riesgo país y dejó la tasa de los bonos a 2028 en 8,5 %, casi el doble que la que hoy paga el Ministerio de Economía. La señal es clara: los inversores apuestan a que en dos años habrá otro inquilino en Balcarce 50.
Mientras tanto, la calle no compra el relato. La última medición de la Universidad de San Andrés muestra que solo el 33 % aprueba la gestión. El dato que más duele: por primera vez en este siglo el desempleo sube con el PBI en alza. El salario real del sector privado registrado tocó su piso más bajo en 18 meses y la mora de los hogares saltó del 2,5 % al 10,6 % en apenas un trimestre. La promesa del despegue se convirtió en una trampa de asfalto.

Adorni, el hombre que ya no puede salir a la puerta de su casa
El jefe de Gabinete prepara su segunda conferencia de prensa en diez días y la convocatoria ya huele a maniobra de distracción. La semana pasada se enredó en gritos con periodistas, dejó más dudas que respuestas y terminó siendo memificado como el funcionario que discute su vida privada mientras la gente no llega a fin de mes. La causa por los pasajes de avión que compró a un amigo contratista ya lo tiene imputado y la declaración de la secretaria del broker Agustín Issin promete nuevas explosiones.
En el Congreso, la oposición ensaya un frente único para forzar una sesión especial que incluya el DNU de Inteligencia, la deuda de las familias endeudadas y el avance de la comisión Libra. Martín Menem, presidente de la Cámara y primo del ex ministro de Economía, patea cada escollo hacia adelante. Postergó el debate de la ley de glaciares, congeló la conformación de comisiones y aseguró que la sesión de 29 abril —en la que Adorni deberá rendir informe con Milei sentado a su lado— podría ser un suicidio político en tiempo real.

Karina milei juega al ajedrez sin damas
La secretaria general se atrincheró en el primer piso de la Casa Rosada, el mismo despacho que ocupó Alberto Fernández cuando era jefe de Gabinete. Desde allí maneja la llave de la caja: ninguna transferencia a provincias se firma sin su visto. Su objetivo inmediato es blindar al presidente y, de paso, evitar que Caputo —el ideólogo de la libertad financiera que hoy asesora a Luis Caputo— termine de desplazarla. La foto con Antonio Aracre, ex CEO de Syngenta, fue leída como un intento de sumar un comunicador de peso, pero en el mercado advierten que si Aracre acepta, será para exigir un freno al ajuste sobre el campo.
El círculo se cierra: el Gobierno que prometía «no hay lugar para la política tradicional» reparte sillones con la misma lógica de siempre. Lilia Lemoine, youtuber convertida en diputada, quedó al frente de la comisión de Juicio Político. Sebastián Pareja, operador bonaerense, se quedó con la bicameral de Inteligencia que Cristina Ritondo creía suya. La noche de la madrugada, el PRO y el kirchnerismo repartieron la Auditoría General como si nunca hubieran sido enemigos. El outsider se convirtió en el nuevo insider y la city ya habla de «riesgo K» no por el regreso del kirchnerismo, sino por la parálisis que genera el propio Milei.
El Presidente cerró la semana con un «Viva la Patria» que suena más a deseo que a victoria. Mientras tanto, Axel Kicillof —el ex ministro que el libertario relegó al pasado— aparece con mejor imagen que él en la última encuesta de Atlas Intel. El mercado descuenta que la reelección no es un hecho. La calle, una vez más, se adelanta a los despachos. Y la batalla cultural que prometía ganar el Gobierno terminó convertida en una pelea de WhatsApp entre hermanos que ya no pueden ni mirarse a los ojos.