Milei sella un pacto libertario con rand paul en la casa rosada
El presidente argentino recibió al senador estadounidense que más fustiga el Estado y celebró una alianza de mutua conveniencia: él necesita credenciales ante Washington, Paul busca una vitrina para su cruzada contra la Reserva Federal. En la foto oficial, la camiseta de Estudiantes descolgada sobre el sillón de Rivadavia delata la obsesión de Milei por romper cualquier estructura que huela a corporativismo.
El hijo de ron paul desembarca en el paraíso liberal
Rand Paul desembarcó en Buenos Aires con la misión de respirar alivio. En su país, el Partido Republicano lo margina como un exabrupto; aquí, el Gobierno lo recibe con honores de jefe de Estado. Kentucky lo aburre: sus proyectos contra el gasto público naufragan en el Congreso. argentina le ofrece plató: un presidente que predica con el ejemplo de cierre de ministerios, que fustiga al Banco Central y que le entrega el micrófono sin filtros.
La Casa Rosada, vacía de ministros y llena de eco, fue el escenario perfecto. Milei necesitaba una foto que despegara del fracaso de la última gira por EE. UU., cuando ni siquiera logró entrar a la Casa Blanca. La imagen con Paul le sirve de escudo contra los que lo acusan de improvisado: miran, tengo un senador que comparte mi diagnóstico de que la inflación es un impuesto encubierto.
Peter Lamelas, el embajador que Washington mandó para contener al libertario, firmó la invitación con su sola presencia. Desde que llegó, Lamelas se convirtió en el traductor oficial entre la Casa Rosada y el establishment que Milei dice despreciar. Hoy tradujo silencio: ni la embajada ni la presidencia difundieron una agenda. Lo que se habló se queda entre las cuatro paredes del despacho que antes usaba Alberto Fernández para fotografiarse con Cristina Kirchner.

Demian reidel, el ex nucleoeléctrico que teje la red
El cuarto en la mesa fue Demian Reidel, el economista que saltó de la presidencia de Nucleoeléctrica argentina a la intimidad presidencial. Reidel no tiene cargo oficial, pero su celular almacena los números de los CEO que Milei quiere seducir. Fue él quien organizó los coffee breaks con inversores en Nueva York y quien ahora gestiona la llegada de fondos de inversión que prometen dólares sin condiciones.
La reunión duró menos de una hora, tiempo suficiente para cruzar promesas. Paul lleva a Buenos Aires la idea de convertir a argentina en un laboratorio de desregulación total: minería sin controles ambientales, banca sin límites de apalancamiento, energía sin subsidios. Milei, a cambio, ofrece la vitrina de un país que ya eliminó el 50 % de los aranceles y que promete desmantelar la mitad de los reglamentos antes de fin de año.
La única evidencia tangible fue la foto: Milei sonríe, Paul aprieta el puño como quien cierra un trato, Lamelas observa con la sonrisa de quien cumple órdenes y Reidel se acomoda las gafas para no perderse ningún detalle. Al fondo, la camiseta de Estudiantes del Plata funciona como guiño a la tribuna anti establishment que Milei quiere conquistar. Juan Sebastián Verón, presidente del club, lleva meses enfrentado a la AFA de Tapia: para Milei, esa grieta es un espejo de la que él quiere abrir en la política nacional.
Nadie habló de la deuda con el FMI ni de las reservas en rojo. Tampoco del rumor que circula en Washington: que el Tesoro ya advirtió que cualquier ayuda extra estará supeditada a que argentina corte el gasto social más allá del límite que hoy parece imposible. Paul no vino a salvar a Milei; vino a usarlo. Y Milei, sin mayoría propia en el Congreso, se agarra a cualquier salvavidas que flote, aunque venga con bandera extranjera.
El senador se fue sin declarar. El presidente volvió a su despacho, donde la camiseta sigue colgada como trofeo. Dentro de un mes, cuando el tipo de cambio vuelva a saltar y la inflación no baje, la foto seguirá ahí, recordándole que la única victoria que puede exhibir hoy es una imagen. El resto, por ahora, es puro verso libertario.
