Portugal quiere arrinconar a saramago en el aula y la fundación responde con una sola palabra: 'y'

Portugal, el país que le dio un Nobel de Literatura a José Saramago, ahora debate si su obra merece seguir siendo lectura obligatoria en el último año de secundaria. El ministro de educación, Fernando Alexandre, prefiere convertirla en optativa. La Fundación Saramago le devuelve la pelota: cambien la conjunción 'o' por 'y' y dejen que los alumnos lean a Saramago y a Mário de Carvalho, no a uno o a otro.

La polémica que nadie vio venir

La propicia el Gobierno de centroderecha en plena revisión curricular. El plan, en consulta pública hasta el 28 de abril, entra en vigor en el curso 2027-28. La asignatura Clásicos de la Literatura dejaría de imponer 'Ensayo sobre la ceguera' o 'El Evangelio según Jesucristo' y ofrecería un menú a la carta: dos títulos de Saramago o uno de Carvalho. La decisión suena a pequeño ajuste pedagógico, pero en Lisboa huele a guerra cultural.

Alexandre insiste: «Saramago es un escritor de referencia, pero Portugal tiene muchos». La frase enciende la mecha. ¿Demasiado Saramago en las aulas? ¿O demasiado peso de un Nobel que nunca gustó a la derecha portuguesa? La Fundación, presidida por Pilar del Río, viuda del autor, responde con educación y firmeza: «Nuestra postura será siempre la de unir, no excluir». El mensaje en Instagram termina con una ironía digna del propio Saramago: «Sustituyan la palabra 'o' por 'y'».

El canon portugués se juega en una conjunción

El canon portugués se juega en una conjunción

Detrás del verbo 'sustituir' late una pregunta incómoda: ¿quién decide qué lecturas forjan la identidad nacional? El ministerio habla de «flexibilidad» y «diversidad». Los profesores temen que la flexibilidad termine traduciéndose en menos Saramago y más espacio para autores menos incómodos. La Fundación recuerda que la lectura obligatoria no es capricho: «Forma parte del ADN cultural que se transmite gratis, sin filtros ideológicos, a cada nueva generación».

El caso tiene ribetes locales, pero la tensión es global: desde Texas hasta Budapest, los gobiernos revisan los currículos para afinar la memoria colectiva. Portugal, que se enorgullece de su primer Nobel de Literatura, ahora debate si ese legajo pesa demasiado. La respuesta de la Fundación Saramago es una lección de estilo: una sola palabra, 'y', que convierte la exclusión en inclusión y obliga al ministerio a mirarse en el espejo.

La consulta pública sigue abierta. Mientras tanto, las librerías lisboetas reportan un repunte silencioso de 'Ensayo sobre la ceguera'. Los lectores parecen haber entendido la lección antes que el Gobierno: si alguien quiere quitar a Saramago del aula, lo mejor es llevarlo de inmediato a la mesilla.