Portugal rompe el silencio en caracas: la primera visita oficial tras la recompensa de ee.uu. por maduro

El avión de Emídio Sousa aterrizará mañana en Maiquetía con el silencio que deja un paréntesis de casi tres meses. Secretario de Estado de las Comunidades, desembarca en Venezuela cuando el país aún huele a pólvora diplomática: Washington ofrece 15 millones de dólares por Nicolás Maduro y Lisboa, hasta ahora, solo había atendido la crisis con declaraciones de «preocupación».

Una agenda que habla por sí sola

La primera cita de Sousa no es casual. A las diez de la mañana se sentará frente a Yván Gil, canciller del régimen que Portugal no reconoce como legítimo pero con el que necesita negociar. La conversación girará en torno a seis nombres: los luso-venezolanos encarcelados desde 2022 por presuntos delitos de «conspiración y financiamiento de terrorismo». Entre ellos, el empresario José Pereira, cuya familia en Oporto aún guarda la maleta sin cerrar.

Tras la foto oficial, Sousa se desmarcará. Se perderá por los pasillos del Liceo Portugués de Caracas, donde 400 niños aprenden a conjugar verbos en una lengua que sus padres ya no hablan en casa. Luego visitará la embajada, ahora un edificio con las persianas medio bajas: desde enero no ha renovado pasaportes a nadie, temiendo que los nuevos documentos terminen en manos del Servicio de Identificación que controla el chavismo.

El miércoles será día de pueblo. Recorrerá Aragua, Valencia y el Centro Marítimo de Venezuela, donde todavía quedan 1.200 pescadores de Aveiro que no han cobrado la indemnización por los barcos confiscados en 2010. La cifra habla por sí sola: Portugal ha perdido 47 millones de euros en inversiones desde que Chávez nacionalizó la flota. Sousa lleva en la carpeta un papel timbrado con el escudo de la República, pero nadie cree que eso sirva de algo.

La oposición que no se llama oposición

La oposición que no se llama oposición

El viernes, agenda permite. La última línea del programa oficial habla de un encuentro con «la oposición político-partidaria», pero no nombra a nadie. En privado, fuentes del Palacio de Necessidades confiesan que Sousa se reunirá con María Corina Machado, aunque Lisboa evita la foto. El mensaje es claro: Portugal no rompe con Bruselas, pero tampoco quiere perder el tren de una transición que ya huele a elecciones anticipadas.

La visita de Sousa llega diez días después del viaje relámpago de José Luís Carneiro, secretario general del PS, que volvió a Lisboa con tres carpetas llenas de nombres de presos y un memorándum que nadie ha hecho público. Entre socialistas y social-demócratas hay un pacto tácito: Venezuela no puede convertirse en la nueva Cuba de Europa, con 200.000 pasaportes portugueses en el aire.

El Gobierno de Montenegro juega con el reloj. La UE prepara nuevas sanciones para abril y el Banco de Portugal ya congeló los activos de cuatro ministros chavistas. Pero en la calle de São Bento, los diplomáticos repiten la misma letanía: «Si falla el diálogo, la factura será de 500 millones». La cifra no es casual: es lo que Portugal exporta anualmente a Venezuela en productos agroalimentarios, desde vino do Porto hasta bacalao de Ílhavo.

Sousa regresará el sábado a Lisboa. En su equipaje solo habrá fotos y promesas. Pero en el Santuario de Fátima de Los Teques, donde terminará su periplo, todavía queda una vela encendida por cada uno de los seis detenidos. La cera se derrite, pero la espera no.