Portugal se tambalea entre washington y la indignación ciudadana por las lajes

8.500 firmas han colado este lunes en el despacho de Luís Montenegro para decirle basta. La cifra habla por sí sola: hay un Portugal que no quiere ser plataforma de un ataque contra Irán y que mira con envidia la rotundidad de Pedro Sánchez. Mientras España cerró el paso a los aviones estadounidenses, la base aérea de las Lajes, en pleno Atlántico, acaba de recibir sus primeros Reapers MQ-9, los drones que teldelevan la muerte con acento de Virginia.

La carta que estrecha la mano del primer ministro

José Manuel Pureza, líder del Bloco de Esquerda, entregó la misiva personalmente. No era una petición; era un espejo. «Da voz a un sentimiento de indignación», dijo tras salir del Palacio de São Bento. El mensaje es claro: si Madrid ha dicho no, Lisboa tiene la obligación moral de imitarlo. El Gobierno, por ahora, se escuda en el cumplimiento «escrupuloso» del acuerdo bilateral con Washington, un contrato que, según la izquierda, huele a naftalina y a guerra fría.

Lo que nadie cuenta es que los Reapers aterrizan en terreno portugués sin necesidad de nueva autorización parlamentaria. El trámite quedó sellado hace décadas, cuando el mundo temía los misiles soviéticos, no los drones de un aliado que se vuelve impredecible. La diferencia entre entonces y ahora se mide en calderilla: un papelito que permite despegar bombas desde el aire soberano de Portugal sin que el país entero lo sepa hasta que lo publica SIC Noticias.

El eco español que retumba en la praça do comércio

El eco español que retumba en la praça do comércio

Madrid cortó el espacio aéreo y la noticia corrió como pólvora entre los grupos antimilitaristas que pululan por el barrio alto de Lisboa. «Si ellos pueden, nosotros también», se escucha en los bares donde antaño se conspiraba contra la dictadura de Salazar. La comparación duele: España da un portazo; Portugal abre la puerta de su casa con la excusa de un contrato olvidado.

El Gobierno de Montenegro insiste en que el uso de las Lajes es «legal», pero la legalidad no siempre coincide con la legitimidad. La calle empieza a moverse. La próxima semana hay convocada una manifestación frente al Ministerio de Defensa. La consigna: «Las Lajes no son portaaviones». La ironía es que, en la práctica, lo son.

La cifra habla por sí sola: 8.500 ciudadanos han dicho no con la firma. Queda por ver cuántos lo dirán con los pies. El silencio de Montenegro empieza a ser más ruidoso que los motores de los drones que aterrizan en azoriano.