Powell desafía a trump desde harvard: la fed no se toca

Jerome Powell subió al estrado de Harvard y, sin mencionarle, le dio la espalda a Donald Trump. Su mensaje: la Reserva Federal no es un juguete del Ejecutivo. La reelección de Powell al frente del banco central, pese al cambio de Administración, fue la prueba de fuego que exhibió para blindar la autonomía de la institución que maneja el dinero más poderoso del planeta.

La independencia no se negocia en el congreso

“Nuestra supervisión recae en el Congreso, no en la Administración”, soltó Powell ante cientos de estudiantes de economía. La frase, breve, sonó como un acto de fe. El presidente de la fed recordó que tanto republicanos como demócratas han firmado ese pacto tácito: la política monetaria debe estar por encima de las furias partidistas. Un consenso que se rompió cuando Trump le exigía por Twitter que bajara los tipos mientras el país se encaminaba hacia una guerra comercial.

Powell no citó a Trump, pero todos en la sala supieron de quién hablaba cuando advirtió que “los miembros de la fed deben concentrarse en sus funciones institucionales sin atender intereses externos”. El silencio que siguió fue elocuente. El mensaje: no vamos a bailar al son de quien ocupa la Casa Blanca.

El mandato dual que agoniza

El mandato dual que agoniza

Powell admitió que la próxima decisión sobre tipos no será un paseo. El mercado laboral se resquebraja mientras la inflación aún late. “Hay una tensión entre ambos objetivos”, reconoció. La fed tiene por ley dos amos: precios estables y pleno empleo. Hoy, uno sangra y el otro no termina de curarse. La guerra en Oriente Próximo encarece la energía y complica el tablero. Powell no adelantó nada: “Desconocemos los efectos económicos, pero los tendremos en cuenta”.

La incertidumbre no es un accidente; es el nuevo paisaje. Por eso, cuando los estudiantes le preguntaron por Kevin Warsh —el candidato que Trump maneja para relevarlo en mayo—, Powell se cerró como una tumba: “No hago comentarios sobre hipótesis”. La frase fue un aviso: la partida está en marcha y él no piensa regalar fichas.

La independencia de la Fed ya no es un capítulo de manual. Es una trinchera. Y Powell, desde Harvard, acaba de refrescar las balas.