Powell se agarra al 3,75 % y apuesta por esperar: el petróleo pasará, la fed no se mueve
El petróleo sube, Irán arde y Jerome Powell no toca el volante. El presidente de la Reserva Federal salió este lunes a la palestra con una frase que ya circula por los grupos de trading: nuestra política monetaria está «en una posición adecuada». Traducción: el tipo al 3,75 % se queda, el desempleo y la inflación que se aguanten.
La clase magistral en Harvard se convirtió en una filípica contra la tentación de actuar por reflejo. Powell recordó que los shocks energéticos «aparecen y desaparecen con rapidez», mientras que un cambio de tipos tarda entre doce y dieciocho meses en filtrarse hasta el bolsillo del consumidor. Si subes hoy, quizás mates la fiesta cuando el barril ya esté de vuelta a 70 dólares.

La inflación que viene por mar
La guerra en Irán no es el único fantasma. El banco central aún digiere la herencia arancelaria de Donald Trump. Powell cuantificó el sobrecoste: entre 0,5 y 1 punto porcentual adicional al IPC. Un impuesto silencioso que se disfraza de precio final en el supermercado y que, según sus cálculos, ya toca techo.
El dato de febrero parece darle la razón: el índice de precios subió un 2,4 % interanual y el subyacente se quedó en el 2,5 %. Cerca del objetivo del 2 %, pero lo bastante alto como para que nadie hable aún de recortes. Los mercados de futuros descontaban ayer la primera tijeretada para septiembre; Powell, sin despejar el balón, les dejó colgados.
La jugada es arriesgada. Si el crudo se dispara por un cierre del estrecho de Ormuz, la presión sobre los precios podría ser tan brutal que la Fed se vea forzada a girar 180 grados. De momento, el mandato dual —inflación controlada y empleo pleno— le permite mirar a la tormenta desde la orilla. El problema es que las tormentas cambian de rumbo.
Wall Street cerró mixto: los bancos celebran los tipos altos, las tecnológicas temen un freno en la demanda. En Main Street, la gasolina ya marca 3,60 dólares el galón. Allí no hay metáforas: cada centavo extra es un desayuno que se queda en la estación de servicio. Powell lo sabe, pero prefiere que el tiempo, y no él, decida.
