Profeco convoca a los mexicanos a espiar el precio del diésel con el móvil
Desde hoy, la Procuraduría Federal del Consumidor no vigila sola. César Iván Escalante Ruiz ha convertido a cualquier automovilista en inspector: basta con fotografiar el tótem de la gasolinera, subir la imagen a redes y etiquetar a Profeco. La misión es cazar desvíos en el precio del diésel, el combustible que mueve el comercio y que, según un acuerdo reciente con empresarios, no debe desorbitarse.
El pacto que se revisa con lupa ciudadana
El diésel forma parte de una tregua voluntaria entre el gobierno y los gasolineros. La idea: mantenerlo estable a pes del crude en alza y la logística de reparto. Pero la promesa huele a nafta si nadie controla su cumplimiento. Por eso la dependencia ha montado una mesa permanente con la Secretaría de Energía y pide refuerzo en campo. La ciudadanía es ese segundo par de ojos que puede detectar un centavo fuera de lugar.
El mecanismo es tan sencillo como sospechoso: tomas la foto al tótem, la cuelgas en Twitter o Facebook, mencionas a @Profeco y esperas. Si el precio exhibido no cuadra con el rango oficial publicado cada semana en la página de la propia procuraduría, los inspectores caerán en cuestión de horas. Escalante Ruiz admite que sin esa colaboración «no podríamos cubrir los más de 12 000 puntos de venta» repartidos por el país.

¿Por qué el diésel y no la gasolina?
El diésel es el termómetro del aparato productivo mexicano. Transporte de carga, autobuses, agricultura, industria: todo gira en torno a ese litro que ayer promedió 28,556 pesos en la Ciudad de México. Un aumento encubierto dispara el costo de la canasta básica antes que el de un viaje de fin de semana. Además, el margen de maniobra del gobierno es menor: el combustible ya no tiene subsidio y flota libremente desde 2017, así que la única válvula de contención es la presión social.
La estrategia tiene antecedente. En 2022, usuarios de Litro x Litro, la app de Profeco, denunciaron 350 gasolineros por bomba desviada. Las multas sumaron 14 millones de pesos. Ahora se traslada la batalla al terreno del acuerdo de precio, donde la sanción no es solo económica: la estación puede perder la licencia de operación.

El riesgo de confiar en la selfie
Pero el plan tiene grietas. La foto puede ser de ayer, de otra bomba o incluso manipulada. Profeco promete cruzar la imagen con su base de datos interna y descartar «fake denuncias», pero no explica cómo filtrarán los miles de mensajes diarios previstos. Tampoco aclara si devolverán la diferencia al consumidor o solo castigarán al dueño. El mensaje, por ahora, es una suerte de escarmiento colectivo: si todos miran, quizá nadie se atreva a subir el cartel.
La gasolina regular, por cierto, también ronda récord: 23,803 pesos el litro en promedio, según el reporte de este 30 de marzo. La premium se va a 28,210. La brecha entre ambas se estrecha cada semana, lo que deja al diésel como el verdadero talón de aquiles de la inflación.
Con la cámara del móvil en ristre, los mexicanos tienen hasta el próximo ajuste semanal para demostrar que la vigilancia ya no es cosa de oficinistas con gafete. Será la primera vez que un gobierno federal convierte la denuncia en viral antes que en trámite. Si la jugada funciona, el cartel digital de la esquina podría convertirse en la evidencia que cierre una gasolinera entera. La curiosidad, esta vez, va por litros.
