Puente genil hunde al bada huesca en el palacio: estrellido oscense y 11 goles de estepa
El Palacio de los Deportes de Huesca se convirtió anoche en un quirófano sin anestesia. El Angel Ximénez Puente Genil operó al Bada Huesca con frialdad clínica, le abrió en canal la defensa y dejó 1.647 espectadores mirando al techo, buscando respuestas que no llegan. 27-31. La victoria andaluza no es solo una estadística: es la fotografía de un equipo roto y otro que sabe exactamente lo que hace.
La caída es ya cronológica. Huesca encadena siete derrotas en ocho jornadas y cada partido se parece más a un episodio de autopsia que a un duelo deportivo. Anoche, el cadáver olía a pólvora mojada: dieciocho minutos para anotar el primer gol desde el campo, una defensa que parecía de cartón piedra y un banquillo que gritaba desde el minuto 1 como si el ruido pudiera tapar el hueco.
Estepa, el cuchillo que no perdona
Mientras el reloj marcaba los segundos, Lucas Estepa desplegó un arsenal de contraataques, fintas de cadera y lanzamientos que parecían buscar la escuadra antes que la red. Once goles. Nadie en la liga ha sido tan certero esta semana. Su actuación fue un manual de anatomía: desarticuló a los centrales oscenses, desnudó la portería de Tekaya y firmó la sentencia con la naturalidad de quien firma una lista de la compra.
El Bada Huesca reaccionó tarde y mal. El 5-4 del minuto 10 fue un espejismo: un paréntesis en el dominio andaluz que duró lo que un suspiro. Puente Genil apretó la traba, Huesca empezó a jugar al aire, y el balón se convirtió en un objeto caliente que quemaba las manos de cualquiera que se atreviera a tocarlo. Los siete metros fueron el único chicle que mantuvo a los locales a flote, pero ni Nenadic ni Saa pudieron convertir la pena máxima en oxígeno.

La segunda parte, un desfile de errores
El descanso no cambió el guion: mismo desorden, mismas prisas, mismo miedo. Puente Genil salió con la calculadora en la mano: cada ataque era una cuentas claras, cada pase un interés compuesto. El 14-17 obligó a José Nolasco a parar el partido, pero su charla fue un mensaje en una botella que se hundió con el barco. Los oscenses encajaron un parcial de 0-3 en cuatro minutos y el Palacio empezó a vaciarse por las urgencias.
El último arreón local (22-23 en el 49) fue un intento de revolución sin armas. Puente Genil apretó los dientes, apretó la defensa y Estepa volvió a apuntar. El 27-31 final dejó a Huesca en la posición 13, a dos puntos del descenso, y con la sensación de que cada partido que pisa es una losa. La liga no espera. El reloj sigue. Y el Palacio, esta noche, huele a pólvora que nadie ha logrado apagar.
