República dominicana celebra: la unesco blinda merengue y bachata

Santo Domingo – La música dominicana ha ganado un nuevo y merecido reconocimiento. La UNESCO ha declarado Patrimonio Cultural Inmaterial del Mundo al merengue y la bachata, dos géneros que trascienden la mera expresión artística para convertirse en pilares fundamentales de la identidad nacional dominicana. Un espaldarazo que consolida al país como cuna de ritmos que resuenan, cada vez con mayor fuerza, en el escenario internacional.

Un legado que se baila y se vive

El merengue, cuyo origen se remonta a mediados del siglo XIX en el norte del país, y la bachata, surgida en los barrios más humildes de Santo Domingo a principios del siglo XX, no son solo música. Son historias contadas a través del acordeón, la güira, la tambora y la voz, un diálogo constante entre el pasado y el presente. Desde el fervor festivo del merengue, con su baile en pareja cargado de coqueteo y sensualidad, hasta la melancolía y la pasión que emanan de la bachata, estos géneros son reflejo de la idiosincrasia dominicana y de su capacidad para transformar el dolor en arte.

La UNESCO, en su reconocimiento, destaca la expansión de estos ritmos más allá de las fronteras dominicanas. Desde el Caribe hasta Estados Unidos, pasando por Colombia, Venezuela, Europa y América Latina, el merengue y la bachata han encontrado nuevos públicos y han evolucionado, adaptándose a diferentes contextos sin perder su esencia. La proliferación de academias de bachata –más de cien solo en República Dominicana– y la organización de festivales anuales de merengue que atraen a miles de personas, tanto locales como internacionales, son prueba de su vitalidad y atractivo.

De la marginalidad al éxito global

De la marginalidad al éxito global

La bachata, en particular, ha recorrido un largo camino desde sus orígenes marginales, bailada en bares y prostíbulos y despreciada por las élites. Artistas como Juan Luis Guerra, junto con otros pioneros como Rafael Encarnación y Tommy Figueroa, jugaron un papel fundamental en la proyección internacional de este género, llevándolo a circuitos globales y transformándolo en un símbolo de orgullo nacional. Hoy, la bachata se manifiesta en diversas variantes –dominicana, sensual, tradicional, urbana y moderna–, cada una con su propio ritmo y estilo, pero todas unidas por un denominador común: la pasión y la conexión entre los bailarines.

El Día Nacional del Merengue, celebrado cada 26 de noviembre desde 2005, y la inclusión de la bachata en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO en 2019, son hitos que ratifican el valor cultural de estos géneros y su importancia para la identidad dominicana. Más allá del reconocimiento institucional, la práctica y el disfrute de estos bailes trascienden las barreras sociales y económicas, uniendo a personas de todas las edades y orígenes en un mismo ritmo.

La UNESCO subraya el impacto del merengue y la bachata en la cohesión social y la transmisión de valores entre generaciones. Estos géneros no solo celebran la diversidad musical de la isla, sino que también promueven el respeto, la convivencia y el sentido de pertenencia a una comunidad. Su continua evolución global, impulsada por artistas innovadores y una creciente base de seguidores, asegura que el legado musical de República Dominicana seguirá resonando con fuerza en el mundo.

Con más de 100 millones de personas accediendo a la música y el baile en espacios públicos y clubes, el merengue y la bachata son un “patrimonio vivo” que conecta generaciones y transforma la imagen cultural de República Dominicana. Un reconocimiento que, más que un título, es un compromiso: el de seguir celebrando la música dominicana como un bien cultural invaluable.