Roban 11 bicis en un mismo centro comercial y las cámaras miran para otro

Las luces de Buenavista siguen encendidas, pero las bicicletas desaparecen entre semáforo y semáforo. En el estacionamiento del centro comercial que Insurgentes cruza con Carlos J. Meneses, alguien se llevó once en apenas un mes. Los fines de semana, cuando la gente sale a pasear la tarde, el ladrón trabaja horas extras.

El negocio que crece bajo las cámaras

El lugar tiene cuatro cámaras de seguridad, todas operadas por la tienda ancla. Sin embargo, cuando los dueños de las bicis piden las grabaciones, la respuesta es un «no» seco, casi mecánico. «Nos dijeron que eran para uso interno», cuenta Mauricio, un ciclista que perdió su Specialized de 18 mil pesos. La negativa se repite en cada piso, en cada mostrador, como si el protocolo fuera callar antes que ayudar.

La impotencia se suma a la cuenta: 47 robos en la alcaldía Cuauhtémoc entre febrero y marzo, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Los números no incluyen los que nunca se denuncian. «Muchos ya ni se molestan; saben que no pasa nada», me dijo una ciclista mientras engrasaba su candado nuevo en la calle.

Candados de papel, policía de cartón

Candados de papel, policía de cartón

El estacionamiento se deslinda por escrito: «No nos hacemos responsables por daño o robo». Los avisos, fotocopiados y desgastados, flotan sobre el asfalto como promesas rotas. Mientras tanto, las coordinaciones territoriales Cuauhtémoc 2 y 5 acumulan expedientes que nadie consulta. «Levanté mi denuncia en marzo y hasta hoy no me han llamado», confirma Andrea, estudiante de la UAM que perdió su único medio de transporte.

En redes, los ciclistas se organizan. Publican fotos, horarios, hasta la placa sospechada. Algunos señalan a los mismos guardias de seguridad del estacionamiento. Otros reciben, eso sí, un candado prestado por la administración: un gesto que parece limosna cuando el problema es estructural.

El mercado que lava las bicis robadas

El mercado que lava las bicis robadas

Media ciudad sabe dónde se revenden. Facebook Marketplace, WhatsApp, tianguis de Iztapalapa, talleres clandestinos en la Merced. Una bici de 20 mil pesos aparece a la mitad, sin factura, sin averiguación. El ciclo es tan rápido que el dueño original apenas alcanza a publicar la alerta cuando su modelo ya cambió de mano.

La aplicación Mapa Bici confirma el repunte: 19 robos en Benito Juárez, 14 en Cuauhtémoc, ocho en Miguel Hidalgo… y la lista crece cada noche. «No es casualidad; hay quienes viven de esto», advierte un administrador de Biciregistro, la plataforma que permite etiquetar tu bici con un folio anónimo. «Si todos registráramos, el mercado negro se complicaría», dice, aunque reconoce que la policía rara vez consulta la base.

El embajador que también pedal y también perdió

En diciembre de 2015, el embajador alemán Viktor Elbling dejó dos bicicletas valoradas en más de 30 mil pesos frente al Palacio de Bellas Artes. Candado de acero, zona céntrica, testigos. Robadas en menos de veinte minutos. Meses después, cuatro detenidos confesaron venderlas en un tianguis de Iztapalapa por 500 pesos cada una. El caso llegó a los periódicos, no a la prevención.

Nueve años después, el modus operandi es idéntico: el mismo tipo de corta-candados, los mismos puntos de venta, la misma indolencia institucional. «Lo único que cambió es que ahora hay más gente pedaleando», ironiza una ciclista mientras compra un seguro que no cubre robo parcial.

Mientras tanto, en Buenavista, los semáforos siguen en verde para el ladrón. Las cámaras graban, pero no ven. La policía firma, pero no investiga. Y los ciclistas, entre marcha y marcha, aprenden que en esta ciudad la justicia es un artículo de lujo que no se vende en el mismo centro comercial donde te robaron la bici.