Rodalies r3 reabre tras el vendaval: el primer tren ya circula entre vic y ripoll

El silencio que dejó el viento en la línea R3 ha durado menos de 24 horas. A las 17.16 h el ter 77325 ha partido de La Garriga con destino Ripoll y ha devuelto la normalidad a un corredor que ayer parecía un túnel de hierro desmantelado por la borrasca.

Renfe ha levantado el cierre impuesto ayer entre Vic y Ripoll tras comprobar que la infraestructura resistió los 120 km/h de rachea registrados en el Valle del Ter. El protocolo de reconocimiento de vía —que incluye inspección visual, termografía y ultrasonido— ha concluido sin incidencias, según fuentes de la operadora citadas por EFE.

El servicio alternativo por carretera mueve 2.300 viajeros en 18 horas

El servicio alternativo por carretera mueve 2.300 viajeros en 18 horas

Mientras los técnicos revisaban carril a carril, autobuses de refuerzo cubrieron el trayecto. La cifra habla por sí sola: 2.300 desplazamientos en 18 horas, un flujo que demuestra cuánto depende la Cataluña interior del ferrocarril. «Ha sido un día negro para el comercio de Ripoll; muchos clientes no han llegado», lamenta este domingo Mireia Rovira, presidenta de la Asociación de Comerciantes del municipio.

La R11, en cambio, sigue rota. El tramo Figueres-Portbou permanece incomunicado y los equipos de mantenimiento vuelven a salir al mediodía para un nuevo reconocimiento. La línea une la demarcación de Girona con la frontera hispano-francesa y soporta un tráfico de mercancías que, en días laborables, supera los 30.000 tonelados de carga intermodal.

El episodio se suma a la lista de cortes por fenómenos meteorológicos en la red catalana: desde 2019, los vendavales han provocado 47 suspensions parciales en Rodalies, la mitad en la geografía pirenaica. La vulnerabilidad no es solo climática: el 62 % de la infraestructura tiene más de cuarenta años y la velocidad máxima autorizada en algunos tramos no supera los 70 km/h.

El tren 77325 ha llegado a Ripoll a las 18.35 h con cinco minutos de adelanto. Los viajeros han aplaudido al bajar. En la estación, un grupo de castellers del Berguedà esperaba perplejo: «Hemos venido a ensayar y pensábamos dormir en la estación». No ha hecho falta. El viento ha pasado, el tren ha vuelto y la cadena cotidiana de la comarca se restablece sin fanfarrias. Cataluña aprende otra lección: cuando el clima se desmadra, el territorio se encoge hasta que el hierro vuelve a rugir.