Rondón y su ejército de jóvenes cruzan asia con la vinotinto en vilo
La Vinotinto aterriza en Taskent con la urgencia de convertir un simple amistoso en el catalizador de una era. El lunes, a las 14:00 GMT, el Bunyodkor Stadium será la antesala de un examen que no admite respiro: Uzbekistán ya huele a Mundial 2026 y Venezuela lleva un año ahogándose en la nostalgia de una victoria.

Oswaldo vizcarrondo aprieta el acelerador
El nuevo técnico no quiere probar, quiere diagnosticar. Tras desterrar la maldición ante Trinidad y Tobago, la segunda fecha FIFA bajo su mando se convierte en radiografía de un país que sueña con Rusia 2030. La convocatoria es un tango entre la veteranía de Salomón Rondón —50 goles, 50 razones para creer— y la electricidad de Telasco Segovia, el mediocampista que el Inter Miami catapultó al radar europeo.
La victoria del viernes en Tashkent —3-1 a Gabón— dejó a Uzbekistán con la boca sabrosa. Fabio Cannavaro, campeón del mundo en 2006, ahora dirige una generación que no conoce el miedo: Eldor Shomurodov y sus compañeros llegan al partido con la certeza de que cada toque es un ensayo para su estreno en la cita planetaria.
Para Venezuela, el duelo es una paradoja: juega fuera de casa, lejos de la arepa y del calor, pero con la presión de un país entero que pide a gritos un rumbo. El empate 1-1 de 2023 todavía duele; fue un aviso de que asia no regala nada. Ahora, la zaga que incluye al debutante Jon Aramburu debe contener a un rival que ya no es sorpresa, sino certeza.
La Vinotinto no viajó a Taskent a empatar. Viajó a robar tiempo, a sumar minutos de confianza, a demostrar que la sequía de triunfos no fue un destino, sino un paréntesis. El partido dura 90 minutos, pero su eco puede alargarse cuatro años: el próximo ciclo eliminatorio empieza a escribirse esta tarde en la meseta de Asia Central.
