Rosalía desata la locura en madrid: colas desde el amanecer y fans que viajan desde venecia
Madrid amaneció teñido de blanco. No por la nieve, sino por los cientos de cuerpos que desde las 6 de la mañana se agolpaban frente al Movistar Arena con camisetas de gasa, faldas de rafia y botas tipo gladiador. Rosalía estrena esta noche su gira Lux en la capital y la primera fila se negocia con turnos de turnos, relojes de pulsera y la ansiedad de quien ha invertido 180 euros y un vuelo de Cádiz.
La fila cero empieza en venecia
Lo que nadie cuenta es cómo la estrella catalana ha convertido la compra de entradas en una odisea digital. Marta, gaditana de 26 años, refrescó la página de Ticketmaster durante una hora mientras paseaba por los canales de Venecia. «Conseguí dos entradas para hoy, pero mi amiga se quedó sin las de Barcelona y ahora llora en WhatsApp». La culpa: cuatro fechas en la Ciudad Condal que volaron en 12 minutos y una demanda que ha superado al doble de la capacidad del recinto.
El miedo acecha entre los fans. El pasado 26 de marzo, Rosalía canceló en Milán por una intoxicación alimentaria. «Vengo con un poco de miedo», susurra Lucía, valenciana, mientras ajusta un cinturón de perlas blancas. «Pero si pasa algo, aquí estaremos los cuatro días». Su grupo de WhatsApp se llama «Las luxes» y lleva meses ensayando coreografías de Saoko en el salón de casa.

El lienzo que espera boca a boca
A la sombra de la estatua de la avenida de Portugal, Claudia, 23 años, pinta un retrato de Rosalía con acrílico sobre lienzo. Lleva desde las 9 de la mañana y planea regalárselo «en mano». Ya lo consiguió con Jennifer Lopez en 2012. «Tengo cuatro conciertos, pero este es el día perfecto». Su truco: colarse en la zona de artistas con una pulsera falsa que compró por 30 euros en Wallapop. «Si falla, lo intento mañana».
El negocio paralelo del reventa flota en el aire. Entradas de 80 euros se cotizan a 300 en las apps. Un chico con sudadera de Balenciaga ofrece «pista A más barra libre» por 450. «Es lo que hay, hermano, Rosalía mola», dice antes de desaparecer entre la multitud.
Cuando las puertas abran a las 19:30, el Movistar Arena se convertirá en una catedral de 17.000 almas que corearán Con altura con el mismo fervor que un rosario. La cantante ha prometido un espectáculo de dos horas con 14 cambios de vestuario y un despliegue de luces que costó 3 millones de euros. La expectativa es tal que el Ayuntamiento ha reforzado el metro hasta la 2 de la madrugada.
El blanco ha sido el gran uniforme, pero también hay corsés de cuero, botas de plataforma y pañuelos flamencos. «Lo que Rosalía se pone marca tendencia», afirma Diego, que viajó desde Lyon tras ver el show francés. «En Lyon lloré. Aquí quiero desmayarme».
La primera nota de Saoko sonará dentro de horas. Madrid respira ese aroma a gloria y a sudor que solo despide la música cuando se convierte en religión. Y la religión, esta noche, viste de blanco y lleva el nombre de una mujer que ha logrado que una ciudad entera baile al ritmo de su propia inseguridad. La gira Lux arranca con la certeza de que, pase lo que pase dentro, fuera ya ha ganado.
