Rubio amenaza con revisar la otan tras el veto de españa a sus aviones
Marco Rubio encendió la mecha este lunes. El secretario de Estado de EE UU avisó de que la negativa de España a ceder su espacio aéreo y bases militares para la ofensiva contra Irán obligará a Washington a revisar de arriba abajo su pertenencia a la OTAN. La frase, lanzada en directo desde Al Jazeera, retumba ya en los pasillos de la Alianza Atlántica: si los aliados se niegan a prestar lo que EE UU considera su derecho, el pacto deja de ser “un buen trato”.
Una declaración de guerra diplomática en tres minutos
Rubio no anduvo con rodeos. Enumeró: estacionar tropas, desplegar aviones, almacenar armas. Todo eso, dijo, es lo que Washington obtiene a cambio de garantizar la defensa europea. Pero cuando llegó la hora de pedir reciprocidad —permiso para sobrevolar territorio español—, Madrid puso el freno. «Tenemos países como España, un miembro de la OTAN al que estamos comprometidos a defender, negándonos el uso de su espacio aéreo y presumiendo de negarnos el uso de sus bases», cargó el secretario. Su conclusión: «Todo esto lo tendremos que revisar».
La respuesta de Margarita Robles fue tan rápida como tajante. «Ni lo hemos hecho, ni lo hacemos, ni lo haremos», sentenció la ministra de Defensa, blindando la legalidad del veto sobre Rota y Morón. Para la titular de la cartera militar, la operación contra Irán es “profundamente ilegal e injusta”. Madrid, en línea con la mayoría de socios europeos, se escora así en el lado contrario al de la Casa Blanca, una grieta que se ensancha cada día que pasa sin un alto el fuego en el Golfo.
Desde Washington, un alto cargo de la Administración Trump restó hierro al conflicto. «No necesitamos la ayuda de España ni de nadie», soltó a EFE, en un intento por desactivar la crisis. Pero la afirmación suena a bravata cuando el Pentágono lleva semanas negociando por detrás para abrir corredores aéreos que acorten la distancia entre bases en el Mediterráneo y objetivos iraníes.

Rota y morón, la llave del estrecho
La base naval de Rota alberga buques de la VI Flota; Morón, cazas y aviones de reabastecimiento. Ambas instalaciones figuran en el acuerdo bilateral de 1988 que permite su uso «conjunto», pero la letra pequeña entrega a España la llave política. Basta con un «no» ministerial para que los F-18 y los destructores estadounidenses se queden en tierra. Rubio lo sabe y, por eso, apela ahora a un recuento de daños colectivo: «Hay otros países que también han hecho eso», advirtió, sin desvelar la lista.
El castigo ya se insinúa. Donald Trump amenazó la semana pasada con aranceles selectivos contra productos españoles si Madrid se mantiene firme. Bruselas observa en silencio: una represalia comercial por motivos militares rompería los esquemas de la OTAN y abriría la caja de las represalias intraeuropeas. Mientras, el conflicto en el Golfo aviva el debate sobre quién manda en la Alianza cuando el protector más poderoso necesia cobijo y no lo obtiene.
El reloj corre contra el secretario de Estado. Cuando los misiles dejen de volar —si es que lo hacen—, llegará la hora de los balances. Rubio ya adelantó su veredicto: si la OTAN no sirve para almacenar aviones en Sevilla ni tanques en Cádiz, quizá sea hora de replantearse para qué sirve exactamente. La frase, leída entre líneas, suena a ultimátum. Y Madrid, de momento, no cede un centímetro de su cielo.