Rueda blinda el futuro del pazo de meirás: historia completa, sin atajos de memoria

Alfonso Rueda ha decidido este lunes que el Pazo de Meirás no será una vitrina para una sola herida. El presidente gallego ha anticipado que el plan de usos que prepara la Xunta abarcará toda la historia del inmueble —desque Emilia Pardo Bazán lo mandó construir hasta la estancia veraniega del dictador— y ha descartado convertirlo en un espacio único de memoria democrática.

La negativa que enfrenta a los memorialistas

La negativa que enfrenta a los memorialistas

La respuesta llega tras meses de presión de colectivos y partidos que reclaman un área específica para recordar la confiscación del pazo durante la Guerra Civil. Rueda lo ha zanjado con una frase que suena a cierre de filas: «No se puede pretender que se refleje una parte de su historia». La justicia ya dictaminó que la «donación» a Franco fue una simulación, pero la Xunta prefiere tejer un relato que incluya también la etapa de la condesa y la reconstrucción del edificio.

El plan, del que aún no se ha filtrado ni una coma, partirá del borrador de 2020 que aspiraba a convertir el pazo en centro de producción cultural gallega. El objetivo, según el gobierno autonómico, es darle «utilidad» al inmueble sin convertirlo en monumento aislado. El resultado, advierte Rueda, buscará «un equilibrio» que apaciente a todos los bandos, aunque ya anticipa críticas: «Se nos reprocha que no contemos solo un fragmento».

El escenario es delicado. El Estado ya catalogó Meirás como lugar de memoria democrática, pero la competencia sobre sus usos la ostenta la Xunta. La apuesta de Rueda por una narrativa coral —la escritora ilustrada, el Caudillo, la confiscación, la devolución— puede acabar diluyendo la culpa en un relato más amplio y menos incómodo. El riesgo: que el pazo termine siendo un espejo que cada visitante mire según su propia versión del pasado.