Rufián convoca a la izquierda en barcelona mientras erc se desgarra entre boicot y disidencia
El 9 de abril, Gabriel Rufián subirá al estrado de la Universidad Pompeu Fabra con Irene Montero para preguntarle a la calle qué debe hacer una izquierda que observa cómo la extrema derecha le roba votos en cada rincón del Estado. Lo que podría ser una charla de facultad se ha convertido en la trinchera interna de ERC: parte de la cúpula asistirá, la oficialía sigue negando un frente único y una corriente interna —liderada por Joan Tardà— ya prepara la consulta revolucionaria a las bases.

Por qué un acto universitario inquieta a los republicanos
La cifra habla por sí sola: el 12% de votantes progresistas catalanes que en 2019 optaron por ERC se pasaron a Santiago Abascal en 2023, según el CIS. Rufián lo sabe y por eso repite su mantra: unidad provincial, provincia a provincia. En Madrid ya lo probó con Emilio Delgado; ahora toca Barcelona y la presencia de Montero garantiza foco mediático. La jugada irrita a los sectores más ortodoxos del partido, que ven en la alianza con Podemos un regreso al fantasma de En Comú Podem, la coalición que les hizo perder la hegemonía en Cataluña.
Isaac Albert, portavoz republicano, lo dejó claro este lunes: «Asistiremos, pero no adherimos». Traducción: iremos a escuchar, pero no firmaremos. El rechazo formal a un frente de izquierdas sigue vigente, aunque la disciplina interna se resquebraja. Laura Castel, Inés Granollers, Etna Estrems y Jordi Gaseni ya pisaron la tarima de Madrid; ahora se sumarán otros nombres que la dirección prefiere no desvelar. El mensaje es ambiguo: no nos mojamos, pero tampoco desairamos.
Lo que nadie cuenta es que la consulta interna está en marcha. Tardà y su corriente «Esquerra Oberta» recogen avales para forzar un debate de equipos y bases. El reglamento lo permite: 300 militantes o el 3% del censo. Albert admite que «no se ha producido» la petición formal, pero los formularios circulan por Telegram desde hace diez días. Si se alcanzan las firmas, el Comité Nacional se verá obligado a convocar una jornada de votación que podría celebrarse antes del verano. La dirección teme una foto de Rufián y Montero abrazados el 9 de abril que sirva de campaña gratis a los insumisos.
El acto, titulado «Què s'ha de fer?», se celebra en el campus de la Ciutadella, epicentro del 15-M catalán. La elección del lugar no es casual: Rufián quiere emular el espíritu de aquellas asambleas que hicieron tambalear al bipartidismo. Invitaron también a Xavier Domènech, exdirigente de los comunes, para tejer la tripleta independentista-progresista que tanto espanta a los estrategas de ERC. La pregunta que se hacen en los pasillos del partido: si el resultado es un frente amplio, ¿ERC se quedará fuera del gobierno catalán que pretende pilotar tras 2025?
El desenlace puede ser más rápido de lo previsto. Si la consulta prospera y la militancia apoya la alianza, la dirección tendrá dos opciones: convocar un congreso extraordinario o arriesgarse a una ruptura de facto. Mientras, Abascal suma y sigue. El 9 de abril, cuando Rufián pregunte «¿Qué se debe hacer?», la respuesta ya no estará solo en el aula: estará en las primarias que ERC teme celebrar.