Rusia encierra a 20 jóvenes por protestar contra el apagón digital que ya prepara telegram
La plaza Bolótnaya olía a porro y a miedo cuando los antidisturbios se lanzaron sobre un grupo de adolescentes que portaban únicamente sus móviles. Eran las 15:37 del sábado en Moscú y, en vez de selfies, sus pantallas grababan cómo el Kremlin doblaba el cerco contra la red. El saldo: 20 arrestos en toda Rusia por reclamar que no apaguen internet. La mitad no habían cumplido los 18 años.
La lista de ovd.info: niños y banderas libertarias
El portal opositor Ovd.info, que lleva la contabilidad de la represión desde 2011, publicó el mapa de la cacería: 14 detenciones en Moscú, 4 en San Petersburgo, 2 en Novosibirsk y un activista solitario en Vorónezh que ondeaba la bandera negra y un cartel de cartón: «Basta de bloqueos». La policía lo dobló como un paquete frente a la estación de trenes mientras un turista grababa con el móvil escondido dentro de la gorra.
Los testigos coinciden: los agentes vestidos de paisano señalaban con el mentón a los que llevaban auriculares. «¿Telegram?», preguntaban antes de llevárselos. En los calabozos de la prefectura de Tverskaya, un chico de 17 años relató que le ofrecieron «firmar un papel y olvidarse del abogado» a cambio de que su madre no fuera despedida del hospital donde trabaja.

El 1 de abril, fecha límite para la app del pueblo
Fuentes del regulador Roskomnadzor confirmaron a Izvestia que el 1 de abril el bloqueo total de Telegram será irreversible. La aplicación, usada por el 63 % de los rusos, se niega a entregar las claves de cifrado. El Kremlin responde con la carta de «seguridad nacional» y un filtro que ya ralentiza el tráfico en Móscú, San Petersburgo y Ekaterinburgo.
Los técnicos de la compañía advierten: cada vez se parece más al «Gran Cortafuegos» chino, pero sin la infraestructura. El resultado es un internet que se cae a trozos: WhatsApp carga cuando quiere, YouTube va a 144 píxeles y la red móvil desaparece en los barrios donde se convoca protestar.
Los jóvenes aprenden a protestar sin redes
Antes de la marcha, los organizadores repartieron panfletos impresos en las residencias universitarias: «Si no hay red, el boca a boca vuelve». Así se transmitió la hora y el lugar sin usar Telegram. En la plaza de Lenin, un grupo de estudiantes de filosofía leyó en voz alta artículos de la Constitución que ya nadie enseña en los institutos. La policía les advirtió: «Os llevamos a todos si no dispersáis en tres minutos». Dispersaron, pero primero escondieron los papeles dentro de los calcetines.
La ironía: para enterarse de quién fue arrestado, las familias tuvieron que acudir a la vieja cárcel de Sakharov, donde les entregaron listas manuscritas porque el sistema informático estaba caído. «El apagón nos alcanzó a todos», murmuró la madre de un detenido mientras firmaba el parte con un bolígrafo prestado.
El Kremlin calla, pero el mensaje es claro: controlar la red equivale a controlar la calle. Y la calle, esta vez, era un puñado de adolescentes con móviles sin señal.
