Rusia expulsa a un diplomático británico por espionaje y lanza ultimátum a londres

El Kremlin ha encendido la mecha diplomática: un segundo secretario de la embajada británica en Moscú ha sido declarado persona non grata tras ser pillado, según la inteligencia rusa, en una red de espionaje y sabotaje que incluye reuniones encubiertas con economistas locales para arrancar secretos de Estado. La diplomacia de Putin no solo echa al agente, también advierte a Londres de que «responderá inmediatamente» ante cualquier represalia.

La trama que desató la expulsión

El FSB, heredero de la KGB, asegura haber seguido la pista al diplomático durante meses. Su delicadeza profesional: infiltrarse en círculos de analistas rusos que manejan datos sobre el flujo de capitales y la cadena de suministro de energía. La inteligencia rusa filtra que el británico ofrecía «sobres de efectivo» a cambio de proyecciones macroeconómicas que luego desaparecían en maletines de cuero negro.

Moscú no se conforma con la expulsión. El ministerio de Exteriores ha convocado a Danae Dholakia, la jefa de la misión británica, para entregarle una nota donde se recuerda que no es la primera vez que la embajada de Sua Majestad es sospechosa de albergar «oficiales de inteligencia disfrazados de diplomáticos». El mensaje es claro: cada nuevo intento de infiltración será devuelto con la misma moneda.

El artículo 9 de la convención de viena como arma arrojadiza

El artículo 9 de la convención de viena como arma arrojadiza

Rusia invoca el convenio que regula la guerra fría de los salones. El artículo 9 permite declarar hostis a cualquier representante diplomático «sin necesidad de explicación». El Kremlin, eso sí, ha decidido explicar: el diplomático mintió en su solicitud de visado, ocultó su paso previo por Irak y Afganistán y, según los servicios de migración, presentó «datos deliberadamente falsos» sobre el motivo de su estancia.

El portavoz de la cancillería británica, citado de forma extraoficial, replicó con un suspiro: «Moscú juega al ping-pong diplomático cada vez que quiere desviar la atención de sus propios problemas internos». En la práctica, el Reino Unido ya prepara la contraofensiva: varios cónsules rusos en Londres han sido convocados a «entrevistas técnicas» esta misma semana.

La partida, lejos de cerrarse, acaba de empezar. El próximo movimiento se espera en 72 horas, plazo que el FSB dio a los británicos para evacuar al espía. Mientras, en Moscú, los economistas que participaron en las reuniones «no oficiales» han cambiado de número de móvil y algunos ya facturan sus servicios en dirham de los EAU. El mensaje del Kremlin resuena como un disparo en la noche moscovita: en suelo ruso, la inteligencia extranjera paga entrada doble.