Rusia y china forjan escudo antimisiles: una carrera armamentista en el pacífico
Berlín, 9 de julio – Una alianza estratégica entre Moscú y Pekín ha desatado una ola de preocupación en Washington. Der Spiegel, Le Monde y The Insider han revelado detalles de un proyecto conjunto para desarrollar un sistema de defensa antiaérea y antimisiles de última generación, un movimiento que podría redefinir el equilibrio de poder en el Pacífico. La información, basada en documentos internos de los regímenes chino y ruso, evidencia una colaboración que comenzó sorprendentemente en junio de 2023, durante una reunión secreta en Moscú.
El proyecto ‘escudo del dragón y el águila’
Según la investigación, el proyecto, bautizado internamente como “Escudo del Dragón y el Águila”, incluye la construcción de instalaciones de control y mando para misiles terrestres, así como la fabricación de un misil guiado de alta maniobrabilidad para una defensa aérea integrada. Se han establecido grupos de trabajo y videoconferencias periódicas, demostrando un compromiso que trasciende la mera intención inicial. La revista alemana destaca que representantes de ambas partes han viajado regularmente entre Moscú y Pekín desde esa primera reunión.

Contramedidas contra starlink: una ‘guerra de alta tecnología’
Pero la colaboración no se limita a la defensa antiaérea. Expertos chinos propusieron a sus socios rusos una respuesta directa a la constelación de satélites Starlink de Elon Musk, considerada una ‘guerra de alta tecnología estadounidense’ y una amenaza para sus intereses. Los documentos revelan planes para utilizar virus informáticos y ‘spoofing’ – suplantación de identidad – para interferir con el sistema, ralentizarlo e incluso destruir los satélites enemigos. La intención es clara: neutralizar la capacidad de Starlink para proporcionar conectividad a internet en zonas estratégicas.
Capacidades del nuevo sistema
El sistema resultante, según Der Spiegel, sería capaz de combatir proyectiles hipersónicos en la fase final de vuelo, a una altitud de hasta 40 kilómetros, y misiles balísticos con un alcance de hasta 4.000 kilómetros. Este desarrollo se produce en un contexto de creciente tensión entre China y Estados Unidos en el Océano Pacífico, donde China se prepara desde hace años para un conflicto militar. La iniciativa no es una novedad; el prototipo se estaba fabricando ya en 2023, como demuestra la documentación.
Un movimiento estratégico con implicaciones globales
La formación de este frente común entre Rusia y China representa un cambio significativo en la geopolítica global. Un sistema de defensa antiaérea tan avanzado podría alterar radicalmente el panorama de seguridad en Asia y más allá. El proyecto no solo busca proteger a ambas naciones de amenazas aéreas, sino también cuestionar el dominio tecnológico de Estados Unidos en el campo de la defensa espacial. La carrera armamentista en el Pacífico ha comenzado.
