Ruta 5 vuelve a llorar: cuatro muertos en 30 segundos de horror
Las 21.55 del miércoles se convirtieron en una cuenta regresiva de metal y fuego. A ese minuto exacto, el acoplado de un camión mordió la banquina del kilómetro 284 de la Ruta Nacional 5, giró como una guillotina sobre el asfalto y dejó a cuatro hombres de la misma familia sin tiempo ni para gritar. Julio César, Federico, Ezequiel y Horacio viajaban en la Renault Koleos que intentó esquivar la trampa: falló. El segundo camión —el que venía de frente con carga de arena— los pulverizó. Los Ballesteros y Aroski murieron dentro de un auto que ya nadie reconoció.
Lo que nadie cuenta es que la ruta llevaba semanas reclamando víctimas. El pasado 28 de enero, en el mismo corredor, un Ford Escort cruzó sin mirar y un camión Fotón lo desgarró. Dos mujeres y dos niñas de José C. Paz terminaron igual: identificaciones en bolsas de cadáveres, vehículos convertidos en chatarra y WhatsApp lleno de “fuerza” que no alcanza.
El efecto tijera que nadie frena
La maniobra tiene nombre técnico: “efecto tijera”. El acoplado se desplaza en diagonal, bloquea ambos carriles y convierte la banquina en una ratonera. Los peritos de la UFI 2 de Mercedes ya la dibujaron en el plano: un giro de 42 grados, una franja de 3,8 metros de ancho sin escapatoria. El conductor del primer camión, Daniel Algañaraz, declaró que “intentó corregir cuando sintió que el eje trasero bailaba”. La cifra habla por sí sola: 80 metros de frenada sin huella, lo que significa que el freno no existió o llegó tarde.
El segundo camión, el de Mendoza, circulaba a 92 km/h. El límite para vehículos de carga en esa curva es 80. Dante Benítez, su chofer, salió ileso y ahora es testigo protegido. La hipótesis central apunta a la banquina blanda: lluvia fina + ripio suelto + peso bruto de 48 toneladas = muerte segura. La cuestión es que nadie midió la fricción del asfalto desde 2019.

La ruta que mata por zonas grises
La Ruta 5 es una arteria federal de 1.100 km que Vialidad Nacional delegó en concesiones locales. El tramo accidentado, entre Mercedes y 9 de Julio, lo conserva un consorcio privado cuyo contrato vence en 2026. El último informe de auditoría —al que accedió este diario— detectó 37 banquinas sin estabilizar y 14 curvas sin badén. El presupuesto para repararlas: 830 millones que nunca llegaron porque “están en etapa de licitación” desde 2022.
Mientras tanto, los pórticos de peaje siguen cobrando. El paso por el kilómetro 284 cuesta 380 pesos para autos y 1.200 para camiones. El día del accidente, la caja recaudó 2,4 millones. Eso sí: no hay radar fijo ni lomos de burro en los próximos 80 km. El mensaje es claro: se cobra, no se cuida.

La familia que se extinguió en un viaje de rutina
Julio César Ballesteros era productor agropecuario en Carlos Casares. Federico, su hermano, administraba la misma granja. Ezequiel, el sobrino, se recibió de agrónomo hace tres meses y estrenaba camioneta. Horacio Aroski era el padrino de la firma familiar. Salieron a las 19.15 para cerrar un negocio de semillas en Bellocq. A las 22.00 sus teléfonos dejaron de tener señal y la coordenada GPS quedó congelada en el kilómetro 284. La madre de Ezequiel recibió la noticia cuando preparaba mate: “¿Cuatro? No, no puede ser cuatro”. Hoy la escena se repite en otra mesa de luto.
El corte total de la ruta duró 7 horas. Los bomberos de 9 de Julio tardaron 43 minutos en llegar porque la base más cercana está a 60 km. No pudieron hacer nada: los cuerpos quedaron encapsulados dentro de un amasijo que parecía papel de aluminio retorcido. El ayudante fiscal ordenó levantar los restos con pala mecánica. A las 5.30 abrieron un carril. A las 6.00, un camión con carga de soja volvía a pasar por el mismo punto. La ruta sigue viva, la ruta sigue muda.
El cierre del círculo que nadie quiere ver
La UFI 2 caratuló la causa como “homicidio culposo agravado por vehículo de gran porte”. Si la investigación avanza como la anterior, en 18 meses habrá un sobre cerrado y una multa para la empresa transportista. El conductor podrá seguir manejando: el registro nacional de infractores no incluye faltas por “efecto tijera”. Mientras tanto, los mapas de Google ya marcan el kilómetro 284 como “incidente frecuente”. La ironía: la advertencia aparece después de cruzar el peaje. El mensaje es gratis, la vida también parece barata.