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Un programa de whatsapp logra que una de cada cuatro mujeres trans deje el cigarrillo

Un cigarrillo a los 14 años y una vida entera usando la nicotina como escudo contra la violencia. Así crece la mitad de las mujeres trans en Argentina, donde el tabaco se ha convertido en la forma silenciosa —y letal— de afrontar la discriminación. Ahora, una investigación nacional demuestra que basta con un teléfono, un grupo de pares y mensajes diarios para que la mitad de esa adicción se desmorone en doce semanas.

El dato que nadie pidió: 42 % fuman, el doble que el resto

La cifra habla por sí sola: 42 % de las mujeres trans encuestadas fuma cada día; entre las mujeres cis el número se detiene en 21 %. El estudio, dirigido por Inés Arístegui en Fundación Huésped y publicado en International Journal for Equity in Health, fue el primero en probar una intervención diseñada exclusivamente para personas transgénero y de género diverso. Participaron 140 voluntarios de todo el país; el 92,5 % completó el seguimiento y uno de cada cuatro dejó el cigarrillo durante la última semana del programa.

Romina Caballero, coordinadora de la investigación, recorrió barrios y villas durante seis meses. Encontró que la edad promedio de inicio es 14,5 años, justo cuando muchas trans abandonan la escuela o son expulsadas de sus casas. “No es casual —dice—: el pucho aparece como único amigo cuando el resto del mundo te niega un saludo”.

Whatsapp como sala de contención

Whatsapp como sala de contención

El programa se llama TRANSformá tu Salud y funciona en un chat de WhatsApp que suena ocho veces por día. Envía audios de pares trans, memes contra la ansiedad, podcasts de relajación y, si hace falta, un número para pedir parches de nicotina. No hay médicos con bata: los consejeros son trans que ya dejaron el cigarrillo y que saben que la frase “fumar te mata” suena hueca cuando en la calle te gritan “travesti” o te niegan un turno.

El resultado desarmó a los investigadores de la Universidad de Rochester, socios del estudio. La autopercepción de capacidad para dejar el hábito subió 38 puntos y el 94 % recomendaría la intervención a una amiga. “No es magia —aclara Ana Paula Cupertino, psicóloga del equipo—: es sentir que alguien que se parece a vos te dice que se puede”.

El cigarrillo como compañía frente a la soledad

El cigarrillo como compañía frente a la soledad

El 15 % de las participantes definió al pucho como “la única familia que no me juzga”. La violencia no siempre es de puño: la discriminación simbólica —malos tratos en la escuela, rechazos laborales, deadname en la guardia del hospital— actúa como un ventilador que aviva la adicción. A eso se suma la marihuana: 6 de cada 10 fumadores trans combinan ambas sustancias, lo que duplica la dependencia y complica cualquier intento de cesación.

La combinación con terapias hormonales es otra bomba de tiempo. Muchas temen trombosis y suspenden el tabaco días antes de una cirugía de afirmación de género, pero vuelven al cigarrillo apenas se quitan los puntos. “El riesgo no es abstracto —advierte Raúl Mejía, médico del proyecto—: es la forma en que el sistema les devuelve la violencia que reciben”.

De la calle al laboratorio: la clave del éxito

La investigación no se hizo desde un escritorio. El equipo recorrió 18 organizales trans de Buenos Aires, Rosario y Mendoza, pagó datos móviles a las participantes y les regaló cigarrillos electrónicos si querían probar. “No se trata de rescatar a nadie —dice Arístegui—: es devolverles la herramienta que el Estado les niega”.

El Ministerio de Salud de la Nación ya pidió los protocolos para escalar el programa nacionalmente. Mientras tanto, TRANSformá tu Salud sigue sonando en los bolsillos de quienes aprendieron que dejar de fumar no es dejar de luchar: es empezar a hacerlo sin la boca llena de humo.