San petersburgo frena la producción: la crisis rusa ya se siente en fábricas y salarios

Las líneas de montaje de San Petersburgo se están quedando sin piezas. La región que fuera motor soviético del metal y los muebles acumula ahora plantas con jornadas de tres días, nóminas impagadas y despidos silenciosos que nadie quiere contar.

De ikea a la ruina: la fábrica que rusia no pudo salvar

El ejemplo más claro está en Tijvin, donde la antigua fábrica de muebles Luzales —antes filial de IKEA— lleva semanas parada. La multinacional sueca se fue en 2022 y la operación rusa prometió continuidad; hoy los trabajadores cobran atrasos y los proveedores exigen pago por adelantado. La falta de divisas para importar bisagras y tornillos ha bloqueado la cadena de montaje, y el directorio admite que no hay previsión de reanudar la actividad.

El problema no es solo de muebles. Iz-Kartex, el gigante que fabrica excavadoras para las minas de carbón siberianas, ha anunciado que a partir de mayo un 38 % de la plantilla pasará a trabajar solo lunes, martes y miércoles. La razón: los clientes no pagan. La deuda acumulada de las empresas mineras alcanza los 2 300 millones de rublos y la caja de la compañía ya no da para sueldos completos.

El síndrome de la región rica que ahora pide créditos

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San Petersburgo siempre se jactó de ser la excepción. Mientras el resto del país sobrevivía a sanciones y desabastecimiento, la capital cultural exportaba software, turismo y petroquímica. Ese discurso se ha resquebrajado en tres meses. La Asociación de Empresarios de Leningrado confirma que el 60 % de las pymes industriales ha solicitado aplazamientos fiscales este año, duplicando la cifra de 2023.

El fenómeno se repite en cada sector. RZhD, los ferrocarriles estatales, despide 30 000 empleados de mantenimiento. La siderúrgica de Magnitogorsk cancela turnos nocturnos. La metalúrgica de tuberías, que abastecía a los oleoductos del Ártico, anuncia un ERE encubierto: 4 500 trabajadores afectados sin que la palabra “despido” aparezca en los comunicados oficiales.

La primera contracción del comercio en un cuarto de siglo

Los números son tozudos. En enero el PIB ruso retrocedió un 2,1 % interanual y la producción industrial cayó un 3,2 %. Pero la herida más visible está en la calle. Forbes Rusia publica este lunes un dato que nadie en el Kremlin quiere oír: por primera vez desde 1999 el país cierra más tiendas de las que abre. El 12 % de las tiendas de ropa han bajado la persiana y cadenas como Fix Price o DNS han reducido a la mitad su red de establecimientos.

El consumidor ruso, inflado por los subsidios militares y el crédito estatal, ha agotado el impulso. La inflación subyacente supera el 8 % y los bancos ya no conceden préstamos sin avales del gobierno. El resultado: carritos de la compra medio vacíos y fábricas que no tienen a quién venderle.

El Kremlin promete que la inversión en defensa compensará la caída del consumo, pero en San Petersburgo nadie se lo cree. Los ingenieros de Iz-Kartex cuentan que las órdenes estatales llegan con 180 días de pago y en rublos devaluados. La guerra sigue, las sanciones se endurecen y la cadena de montaje, esa que antes nunca paraba, ahora descansa cuatro días a la semana. La crisis ya no es un gráfico: es un silencio ensordecedor en las zonas industriales que antes rugían día y noche.