Sánchez arremete contra netanyahu por bloquear el domingo de ramos en jerusalén
Pedro Sánchez ha cargado contra Benjamin Netanyahu por vetar el acceso de los católicos al Santo Sepulcro durante el Domingo de Ramos. El presidente del Gobierno español ha calificado la medida de “ataque injustificado a la libertad religiosa”, mientras Israel alega que la decisión obedece exclusivamente a criterios de seguridad.

El pulso diplomático que cruje bajo los muros de jerusalén
La Policía israelí impidió la entrada del cardenal Pierbattista Pizzaballa a la Basílica del Santo Sepulcro, el corazón simbólico del cristianismo, en una jornada que congrega cada año a miles de peregrinos. La imagen del prelado latino bloqueado a las puertas del edificio sacro ha recorrido el plano diplomático como una losa. Sánchez, que ya ha tenido roces con Netanyahu por la guerra en Gaza, ha elevado el tono: ha exigido “respeto a la diversidad de credos y al derecho internacional” y ha publicado su protesta en X, donde los conflictos se fraguan en tiempo real.
La respuesta israelí ha sido tan rápida como fría. El primer ministro ha negado cualquier motivación religiosa o política y ha achacado la medida a la escalada con Irán: “No hubo mala intención, solo prevención”. El Ejército, según la versión oficial, ordenó el cierre ante el riesgo de “actos hostiles” en un contexto de misiles y drones. El Patriarcado Latino, sin embargo, asegura que la notificación llegó tarde y que los fieles ya aguardaban en los accesos.
El incidente dura apenas unas horas, pero desnuda la tensión que late bajo la piedra de Jerusalén. No es solo una disputa sobre horarios de seguridad: es el enfrentamiento entre dos narrativas. Para Sánchez, un líder que necesita mostrar firmeza ante su electorado progresista, se trata de defender el pluralismo. Para Netanyahu, una figura acorralada por la ofensiva iraní y por la presión internacional, cualquier concesión puede leerse como debilidad.
Lo que nadie cuenta es que el Domingo de Ramos coincide este año con el inicio del mes judío de Nisán y con la proximidad del Ramadán. Tres calendarios distintos se superponen en un espacio de menos de un kilómetro cuadrado. El resultado: un polvorín donde el más mínimo desencuentro enciende la mecha. La cifra habla por sí sola: en 2023, más de 50.000 cristianos desfilaron por la Vía Dolorosa; este año, apenas unos centenares lograron acceder antes del cierre.
El daño ya está hecho. Las comunidades cristianas de Tierra Santa, reducidas año tras año, ven en este episodio un síntoma más de su paulatina marginalización. El temor es que el próximo Domingo de Resurrección se repita la escena. Y entonces la protesta de Sánchez, hoy un tuit, puede convertirse en una crisis bilateral que trascienda la liturgia. Jerusalén, otra vez, se convierte en el espejo donde Europa y Oriente se miran y se desafían. La primavera sacudida por los claveles y por los fusiles.
