Sánchez arremete contra netanyahu por bloquear la misa en el santo sepulcro
La Policía israelí cerró este domingo la puerta de la Basílica del Santo Sepulcro al cardenal Pierbattista Pizzaballa y, con ella, escribió una de las páginas más bochornosas de la Semana Santa en Jerusalén. Pedro Sánchez no tardó en cargar contra la decisión: «Netanyahu ha impedido a los católicos celebrar el domingo de Ramos en los Lugares Santos. Sin explicación. Sin razones».

Un veto que rompe siglos de statu quo
El Gobierno español elevó la protesta al rango de ataque frontal a la libertad religiosa. En un mensaje en X, el presidente subió el tono hasta límites diplomáticos inusuales: «Sin tolerancia es imposible convivir». La frase suena a lema de campaña, pero detrás hay un hecho sin precedentes: la misa privada que el patriarca latino de Jerusalén y el custodio franciscano tenían prevía —sin fieles, solo el clero— fue abortada por órdenes de seguridad que Israel justifica por la guerra con Irán.
La versión oficial israelí habla de amenazas de cohetes y de reducir blancos simbólicos. El Vaticano, sin embargo, interpreta el gesto como una patada al delicado equilibrio que rige el cristianismo en Tierra Santa desde 1852. El statu quo —ese entramado de acuerdos otomanos que reparte llaves, horarios y candados— acaba de recibir una grieta que no cicatriza con disculpas.
Lo que nadie cuenta es que la misa del Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro no es solo liturgia: es la antesala del Vía Crucis del Viernes Santo, cuando decenas de miles de peregrinos abarrotan la ciudad vieja. Si hoy se cancela una liturgia de puertas cerradas, ¿qué pasará el próximo viernes, cuando la multitud clame por entrar?
En la diplomacia europea el malestar es palpable. Francia ya ha convocado al embajador israelí en París; Italia estudia gestos simbólicos. El temor: que el veto se extienda a otras confesiones y que la capital de tres religiones se vuelva moneda de cambio en un conflicto que ya se ha desbordado del mapa de Gaza.
Jerusalén, 29 de marzo. Mientras Pizzaballa regresaba a la patriarcal sin poder incensar el edículo del sepulcro, en Madrid el Consejo de Ministros preparaba una nota de repulsa que podría traducirse en una revisión de los acuerdos de cooperación científica y militar con Israel. La jugada de Netanyahu puede salirle gratis en términos de seguridad, pero le cuesta una factura diplomática que crece a cada segundo.
La cifra habla por sí sola: el 40 % de los peregrinos que visitan Israel en Semana Santa llevan pasaporte europeo. Si el veto se repite, la próxima oleada podría desplazarse a Roma o Santiago. Y el turismo religioso, que mueve 3.000 millones al año, se llevará por delante la recuperación post guerra que tanto necesita la economía israelí.
Al cierre de esta edición, la Cancillería hebrea aún no ha devuelto la llamada a Margarita Robles. En el despacho del cardenal latino, sin embargo, siguen encendidas dos velas: una por la paz, otra por la libertad de culto. La segunda arde más baja que nunca.
