Sánchez cierra el cielo a ee.uu. y rota queda fuera del ataque a irán
España ha dicho «no» con la frente alta. Margarita Robles salió ayer al pasillo del Ministerio de Industria y, sin ambages, declaró la guerra a la guerra: Rota y Morón no prestarán ni un metro de pista ni un palmo de cielo a la operación de Washington y Tel Aviv contra Irán. La orden llegó al Pentágono «desde el primer minuto», pero ahora se hace pública cuando los B-52 sobrevuelan Europa sin rumbo y los periodistas husmean.
La ministra lo dejó claro: «Profundamente ilegal e injusta». Repitió la frase dos veces, como quien clava una estaca. En la trastienda de la base de Rota, los mandos estadounidenses ya habían recibido el memorándum interno: los aviones que despeguen con destino Teherán deberán hacerlo desde Aviano o Incirlik. El cielo andaluz, por ahora, respira.
La cláusula que nadie firmó pero todos obedecen
El acuerdo de 1988 que regula el uso de las bases no contempla un capítulo sobre conflictos ofensivos. Eso es la teoría. En la práctica, cada gobierno ha ido tejiendo su propio cordón sanitario diplomático. Felipe González cerró el espacio aéreo durante la guerra del Golfo; Aznar lo abrió con fanfarria para Irak. Ahora es Sánchez quien tira de la manta y descubre la grieta: la soberanía española termina donde empieza la pista estadounidense, pero la pista termina donde lo dice Moncloa.
Lo que nadie cuenta es que la Operación Inherent Resolve —la coalición contra el Estado Islámico— sigue utilizando Rota para misiones de reconocimiento. La línea roja se traza solo cuando los misiles apuntan a Irán. «Otras actuaciones» siguen siendo posibles, matizó Robles. Traducción: drones, satélites, carga logística… y la guardia pretoriana de 4.000 marines que custodia la base.

Morón y la factura silenciosa
Mientras, en la Base Aérea de Morón, los vecinos del Polígono El Palomar llevan años midiendo decibelios y promesas. Allí despegan los KC-135 para repostar cazas F-18 sobre Siria. El ayuntamiento cobra por aterrizaje, pero nadie ha visto el recibo de la guerra. «Aquí no hay Irán, solo kársenas y ruido», dice Antonia García, presidenta de la asociación de afectados por ruido. Ella sabe que la frontera entre un vuelo de entrenamiento y uno de combate es un punto en el radar que solo ve Washington.
La ministra prometió «transparencia» y «control parlamentario». El Congreso, entre tanto, debate la reforma del Tratado de Doble Uso que regula los materiales que transitan por bases españolas. La última vez que se tocó, en 2003, Aznar ganó la votación y los barcos de guerra zarpaban desde Rota hacia el Golfo. Esta vez la aritmética es otra: 179 escaños contra la guerra, 170 a favor de no romper la OTAN.
El cierre de ayer ya es historia
Al caer la tarde, un C-5M Galaxy despegó de Rota con rumbo oeste. En la torre no preguntaron destino; en el Pentágono no confirmaron carga. La prohibición, sin embargo, ya está inscrita en el boletín oficial de defensa. Irán no estará en la ruta, pero el próximo conflicto —el que nadie espera— ya tiene su primera víctima: la ilusión de que una base extranjera puede ser neutral. España ha dicho «no». Ahora le toca a la Historia registrar el eco.
