Santa fe encierra al adolescente que desató el infierno en una escuela de san cristóbal
La bala que mató a un chico de primer año todavía cruza los pasillos de la escuela de San Cristóbal. El autor, otro menor, ya no duerme en su casa: duerme en un pabellón de la Justicia de Menores custodiado por guardias que ni siquiera saben su nombre real, solo su expediente.
Virginia Couddanes, la secretaria de Gestión Institucional del Ministerio de Justicia y Seguridad santafesino, lo confirmó anoche en Infobae al Regreso: «El menor que cometió el acto del tiroteo fue detenido. Se le secuestró la escopeta con la que disparó». Lo dijo sin alzar la voz, como quien lee una factura impagable.
El arma era del abuelo y la justicia aún no sabe cómo llegó al bolsillo de un chico de 14 años
La escopeta, un arma registrada, estaba guardada —o eso creía la familia— en el domicilio del abuelo. El fiscal regional y la fiscal de menores ya desarman la vida del agresor en busca de un punto de quiebre: ¿fue un impulso, un plan, una performance viral? La respuesta late en los teléfonos incautados y en los chats que nadie quiere mostrar.
Mientras tanto, los hospitales respiran. El herido crítico ya camina por los pasillos del Regional de Rafaela; el otro, en el Alasia, pide que le devuelvan su mochila. Los seis restantes fueron dados de alta, pero los médicos advierten: «El alta física no es la salida del miedo».

Santa fe aplica un código que el congreso ya reemplazó, pero no para este caso
El nuevo régimen penal juvenil sancionado en diciembre no rige: Santa Fe todavía se aferra al viejo Código Penal Juvenil provincial. Couddanes lo explicó como quien describe una herencia envenenada: «Se generan las medidas necesarias articuladas con Igualdad, Desarrollo Humano y Niñez, pero la última palabra la tiene la Justicia de Menores». Traducción: el chico puede pasar de los tres años de internación hasta los 21 si la juez lo considera «peligroso».
En la escuela, mientras tanto, los docentes improvisan aulas de refugio. Los psicólogos de la Subsecretaría de Salud Mental recorren los bancos como bomberos de la memoria: apagan recuerdos antes de que se incendien. «Estamos monitoreando cada llanto», dicen, como si el duelo fuera una app que se actualiza cada hora.
Couddanes cerró la entrevista con una frase que suena a epitafio: «No importan los niveles de gobierno, lo importante es estar cerca». Pero la cercanía no devuelve la vida al chico que ya no va a llegar a segundo año. Y la escopeta, ahora en un depósito judicial, sigue oliendo a pólvora y a la pregunta que nadie se atreve a formular: ¿cuántas más duermen en las casas de los abuelos?
