Santa fe: la violencia desborda la escuela tras el ataque a delfina
San Cristóbal, Santa Fe, se desangra bajo una ola de violencia que parece no tener fin. Apenas días después de un tiroteo en una escuela que cobró la vida de un niño de 13 años, emerge un relato escalofriante de agresión y persecución que revela la profunda fractura social que azota a la comunidad. La historia de Delfina, una adolescente de 15 años que sufrió graves heridas en un ataque brutal a principios de año, se entrelaza ahora con el trágico suceso escolar, exponiendo una red de amenazas, bullying y una impunidad que ha llevado a una familia a exiliarse.
El ataque que desfiguró una vida
El 1° de enero, Delfina fue abordada por un grupo de jóvenes, tres menores y dos adultos, quienes la atacaron a golpes y con cuchillos al salir de un almacén en el barrio José Dhó. Las heridas en su rostro fueron tan graves que requirió atención médica especializada en Rafaela. Pero el daño físico palidece ante el terror que aún la persigue. Su abuela, Pamela Nardulli, relató cómo, tras el ataque, la adolescente y su madre se vieron obligadas a abandonar la ciudad, huyendo de constantes amenazas y persecuciones.
“No podían salir a la esquina porque la perseguían,” declaró Pamela, con la voz quebrada por la angustia, a A24. “Tuvieron que dejar todo. La escuela, el trabajo, la casa, los amigos, la familia. todo.” La madre de Delfina denunció un acoso sistemático, con insultos, amenazas en redes sociales y agresiones físicas previas, un bullying que, según ella, fue ignorado por las autoridades.

Un vínculo inesperado con el tirador
Pero la historia toma un giro aún más perturbador. Resulta que Delfina era compañera de curso de G.C., el adolescente de 15 años que perpetró el ataque en la Escuela Mariano Moreno. Un dato que, según Pamela, contribuyó a la decisión de abandonar San Cristóbal: “Ella no se anotó en la escuela este año porque decidimos que se vayan, seguía corriendo riesgo. Al estar libres los agresores, corría mucho riesgo.”
La rápida actuación de los vecinos evitó que la agresión contra Delfina fuera aún más grave, pero la sensación de inseguridad persiste. La madre de la víctima advierte con preocupación: “Si no se toman medidas, van a terminar matando a alguien.” La fiscal Carina Gerbaldo, quien investiga tanto el ataque a Delfina como el tiroteo escolar, ha ordenado la detención de tres personas, incluyendo a dos menores, en relación con el primer caso. Se incautaron teléfonos celulares y armas blancas que podrían haber sido utilizadas en el ataque.
El caso de Delfina y el posterior tiroteo escolar no son hechos aislados, sino síntomas de una creciente ola de violencia juvenil que sacude a San Cristóbal. La impunidad y la falta de medidas preventivas parecen estar alimentando un ciclo de agresiones que amenaza la convivencia y la seguridad de la comunidad. La huida de Delfina y su familia es un triste recordatorio de las consecuencias devastadoras de esta espiral de violencia, un éxodo forzado por el miedo y la desesperanza.
Ahora, la pregunta que se cierne sobre San Cristóbal no es si se tomarán medidas, sino cuándo. Porque la historia de Delfina es una advertencia que, lamentablemente, llegó demasiado tarde.