Santa fe niega bullying en la escuela donde un adolescente mató a su compañero
Las autoridades santafesinas cierran filas: no hubo bullying. Lo dicen mientras un video recorre WhatsApp y TikTok mostrando al futuro asesino encerrado en un rincón del aula, rodeado de risas y celulares que lo graban. El ministro de Seguridad repite el guion: el ataque fue «aleatorio». Pero en la puerta del colegio Mariano Moreno, los padres intercambian otra versión en voz baja. Y esa versión tiene nombre: Ian Cabrera, 13 años, el chico que ya no puede hablar.
El silencio que sobra
El lunes 7.15, un adolescente de 15 años sacó una escopeta de un estuche de guitarra, abrió la escotilla del patio interno y disparó cinco veces. Ian cayó primero. Ocho compañeros quedaron tendidos. El asistente escolar lo redujo. El gobierno provincial activó el protocolo de «contención interdisciplinaria». Todo en menos de tres minutos. El tiempo que tarda un adolescente en cargar un arma, apuntar y cambiar para siempre la geografía de una ciudad que ni siquiera tiene Código Postal propio.
La versión oficial llegó antes que la ambulancia: no existen denuncias previas, ni partes disciplinarios, ni «registro de hostigamiento». En la sala de prensa, la directora distrital dijo que el atacador «no distinguía blancos». Lo cierto es que la víctima tenía nombre, apellido y curso repetido: Ian estaba en primer año, el agresor en tercero. Compartían el mismo patio, la misma fila del kiosko, el mismo aula de apoyo los martes.

Las voces que faltan
María, alumna de tercero, habló con A24 mientras las autoridades firmaban el parte médico. «Escuché que ese chico sufría bullying», soltó entre dientes. Carlos, delivery y padre de una compañera, contó que el domingo le llevó una pizza al futuro tirador. «Es un chico tranquilo», dijo, y luego agregó la frase que nadie quiere firmar: «Sufría de bullying, pero él nunca lo habló». La escuela no sabía. O no quería saber. En San Cristóbal, un pueblo de 13 mil habitantes, los secretos duran lo que tarda en llegar el próximo colectivo.
El video dura 14 segundos. Se ve al chico acostado sobre el escritorio, rodeado de mochilas. Alguien le tira una botella de plástico. Otro lo graba. «Es jodiendo», aclaró una alumna. YouTube lo bajó, pero ya pasó por tres grupos de WhatsApp y un canal de Discord que la policía no encontró. La escuela no tiene cámaras en el interior de las aulas. El ministerio de Educación tampoco. El único archivo que queda es el recuerdo de los que miraron sin ver.

Heridos que no sangran
Seis chicos siguen internados en San Cristóbal con heridas «superficiales». Otro, de 13 años, fue trasladado al Hospital Alassia con código rojo. Está lúcido, estable, pero la bala le atravesó el hígado. El Equipo de Salud Mental provincial ofrece «contención interdisciplinaria» a las familias. Nadie habla de la contención que falta dentro del aula. El gobernador anunció un plan de «fortalecimiento de protocolos». El plan no incluye psicólogos de planta. Santa Fe tiene 1.700 escuelas públicas y solo 120 psicólogos escolares. La cuenta no cierra. La cuenta nunca cierra.
El fiscal de menores ya ordenó pericias a celulares y notebooks. Busca chats, búsquedas en Google, videos de instalación de escopetas. No busca la ausencia de adultos. Tampoco la lista interminable de tareas que un docente debe cargar en el SIGE antes de salir a recreo. La escopeta era del padre del agresor, legal, registrada. El chico conoció la caja fuerte. Conoció el cartucho. Conoció el mecanismo. Conoció el silencio.
En la puerta del velatorio de Ian, los compañeros dejaron carteles hechos con hojas de cuaderno: «Volá alto, capitán». Pero el capitán ya no puede contar si el bullying existía o no. El capitán solo puede confirmar que la escuela N°40 Mariano Moreno abrirá sus puertas el lunes próximo. Habrá bandera a media asta. Habrá guardia policial. Habrá una psicóloga que atenderá turnos de 15 minutos. Y habrá un aula vacía en tercero que nadie quiera ocupar.
