Santander abre una puerta digital solo para mayores: clics sin trampa ni cartón

Banco Santander ha quitado el velo a un rincón de su web que parece hecho a medida de quienes aprendieron a firmar con pluma fuente. Se trata de un micrositio donde los clientes de más de 65 años encuentran productos, trucos de seguridad y, por primera vez, un volante de teleasistencia a precio de ganga gracias a un pacto con Cruz Roja. La jugada llega cuando el 78 % de los jubilados ya opera desde casa, pero uno de cada tres se siente ‘en tierra de nadie’ cada vez que pulsa continuar.

El diseño que no castiga la vista

Los ingenieros han tirado del manual de accesibilidad WCAG y han pintado los botones en tonos high contrast, letra 16 px mínima y un espaciado que evita el efecto “dedo gordo” en pantallas de cinco pulgadas. El resultado: un promedio de tres clics menos para llegar a la misma operación que antes exigía ocho. Nada de pop-ups que dan vértigo ni formularios que parecen interrogatorios de aduanas.

Detrás hay una curva de aprendizaje pensada en sesiones de 15 minutos: videos de 45 segundos, tipografías sin serifa y un glosario que desactiva el argot financiero. El test piloto lo hicieron en centros cívicos de Majadahonda y A Coruña; la tasa de abandono bajó del 34 % al 9 % en cuatro semanas.

Cruz roja entra en la banca

Cruz roja entra en la banca

El acuerdo con la ONG no es un mero cheque. Los clientos pueden convertirse en voluntarios digitales —enseñar a otros mayores a usar la app— y ganar descuentos de hasta el 40 % en cuotas de teleasistencia. La línea 24 horas ya no será un número oculto en la letra pequeña: aparece en la home, con foto de la trabajadora social que atenderá la llamada.

El banco no revela cuánto invierte, pero fuentes internas apuntan a un paquete de 8 millones en dos años, incluyendo formación a 1.200 empleados de oficina como ‘alfabetizadores digitales’. El objetivo: que en 2025 los mayores representen el 28 % de la base digital de la entidad, frente al 19 % actual.

La jugada contrasta con el cierre de 1.100 sucursales desde 2019. Santander cierra la puerta del ladrillo pero abre la ventana del móvil, asegurando que nadie se queda en la cuneta. La medida llega tras la guía del Banco de España que insta a proteger a los colectivos vulnerables de la brecha digital.

Conchi Roque, en Madrid, ha probado el portal durante una semana. Mi conclusión: por fin un banco que no trata al jubilado como fósil, sino como usuario de primera. La prueba definitiva será el día que mi vecina Dolores, de 82, pueda enviar un Bizum sin pedirme el código por WhatsApp. Ese día el Santander habrá ganado más que un cliente: habrá recuperado un territorio que creíamos perdido para siempre.