Satriano sella su futuro: 2030 en getafe tras salvarlos del abismo

Martín Satriano no llegó para salir en la foto de la plantilla. Llegó para evitar que el Getafe se hundiera. Tres goles en diez partidos —a Villarreal, al Real Madrid y al Betis— bastaron para que el club ejecutara la opción de compra y le atasque la elástica azulona hasta junio de 2030. Firmó la salvación y, de paso, su contrato.

La operación se cocinó en la sala de máquinas del Coliseum Alfonso Pérez antes de que el balón parara. El Olympique de Lyon, dueño de su ficha, recibió el sí de Getafe cuando aún faltaban jornadas para el final. El mensaje interno era claro: nadie quería esperar a ver si el uruguayo volvía a la Ligue 1 y dejaba un agujero que ya había costado sangre tapar.

De cedido a intocable en 884 minutos

El dato que convenció a la dirección deportiva fue brutal: un gol cada 294 minutos. Números de delantero top en un equipo que vivía anclado en la zona roja. José Bordalás, técnico que no regala ni un minuto, le dio la titularidad en ocho de esos diez encuentros. Satriano no falló: desmarcarse, proteger y rematar con la frialdad de quien jugaba en el patio de su casa.

El uruguayo aterrizó en enero con la etiqueta de “apuesta” y se despide de la temporada como fijo en el esquema. Su secreto: adaptación exprés. Aprendió los nombres de los conserjes antes que los de los compañeros, pidió vídeos de cada rival y se negó a compartir habitación en desplazamientos para dormir ocho horas escrupulosas. «Si no entiendo, pregunto. Si me gritan, callo», le oyó decir un miembro del cuerpo técnico.

El Getafe pagó unos 3 millones de euros —cifras filtradas en los pasillos de la Ciudad Deportiva—, cantidad que se antoja ganga si se compara con los 15 kilos que podría haber costado mantenerse en Primera vía playoff. El Lyon, que había pagado 12 por él al Inter en 2022, da carpetazo a una inversión que nunca explotó en Francia y se ahorra la ficha de un suplente.

Un proyecto que empieza por delante

Un proyecto que empieza por delante

Con Satriano amarrado, el club ya trabaja en el resto del rompecabezas. La idea es rodearle de extremos rápidos que le saquen réditos a su juego de espaldas y un mediapunta que le empuje los balones a la espalda de los centrales. El uruguayo, por su parte, se ha puesto como meta superar los 10 goles la próxima campaña. «No vine de vacaciones», soltó en su presentación tras firmar el nuevo contrato.

El Coliseum respira. La afición recuerda todavía el gol que enfrió al Madrid, un remate cruzado que silenció a medio Chamartín. En los bares de la zona sur se habla de «efecto Satriano» como sinónimo de milagro inesperado. El jugador, ajeno al bulo, se entrena con la misma cara de pocos amigos que lució el día de su llegada. Solo ha cambiado una cosa: ya no se alquila, es propietario. Y en Getafe eso significa mucho más que un simple traspaso.