Scaloni se sincera: el banquillo argentino duele cuando se deja

Lionel Scaloni no evitó la pregunta. A horas de enfrentar a Zambia en la última función de la Albiceleste en casa antes del Mundial 2026, el entrenador admitió que su ciclo terminará y que, cuando eso ocurra, lo echará de menos como quien pierde un territorio sagrado. «Es un lugar privilegiado. Cuando ya no esté, lo lamentaré», dijo en Ezeiza, con la voz que se quiebra apenas.

La lista de glories que pesa sobre sus hombros

Desde que en 2018 tomó un equipo en ruinas tras el desastre de Rusia, Scaloni acumula dos Copas América, una Finalissima y la Copa del Mundo de Catar 2022, el tercero para argentina. Nadie en la historia albiceleste había logrado tanto en tan poco tiempo con un promedio de edad que ronda los 26 años. El récord lo convierte en el técnico más ganador del país, pero también en el más vulnerable: cada partido amistoso se lee como examen y cada derrota potencial epitafio.

Esa tensión se filtró en la sala de prensa cuando, tras elogiar a Joaquín ‘Oso’ Martínez Gauna —el lateral del Sevilla que acecha la convocatoria—, Scaloni interrumpió la rueda para hablar de Joaquín Panichelli, el goleador de Ligue 1 que se rompió los ligamentos en una práctica con la selección. «Se ganó su posibilidad y le prometí que volvería a tenerla», confesó antes de secarse los ojos y abandonar el estrado. La imagen circulará en redes como metáfora de un entrenador que ya no puede desentenderse de las vidas que toca.

El dilema invisible: renovar sin desarmar la obra

El dilema invisible: renovar sin desarmar la obra

La renovación es el otro fantasma. Messi, Di María y Otamendi cumplen años; Mc Allister, Enzo Fernández y Julián Álvarez crecen. Scaloni debe mezclar jerarquía con hambre sin repetir el error de 2014-2018, cuando argentina apostó a la continuidad extrema y terminó desfondada. «Estos dos meses vamos a estar cerca de los chicos, pero sin asfixiarlos», avisó. Traducción: observar cada partido de Europa sin convertirse en WhatsApp stalker.

El partido contra Zambia, en teoría un simple ensayo, se convierte así en termómetro de un ciclo que parece eterno pero no lo es. La Bombonera, colmada para despedir al campeón, podría convertirse en la antesala de una transición que nadie se atreve a anunciar. Scaloni lo sabe. Por eso, antes de irse, arengó a sus ayudantes con una frase que no salió en la transmisión oficial: «Disfruten cada minuto, porque este sillón se acaba sin avisar». La historia del fútbol argentino está llena de técnicos que lo confirmaron.