Semana santa 2026 desigual: unos ya están en clases y otros aún en la cama

Mientras en la UAM ya suenan los pasillos desde el 5 de abril, en el Politécnico aún ni se deshacen las maletas: el regreso a clases tras la Semana Santa se convierte en un mapa de retornos escalonados que deja a miles de estudiantes fuera de ritmo y a las cafeterías del sur de la ciudad contando días sin clientes.

El calendario que cada universidad se inventa

La UNAM apaga las vacaciones el domingo 6 y abre el lunes 7. Sencillo. El IPN, en cambio, estira el descanso hasta el 13 y regresa el 14. Y la UAM, fiel a su sistema trimestral, cerró cátedra el 1, se tomó tres días de asueto administrativo y ya el 5 arrancó con nuevos contenidos. Tres casas, tres formas de entender el tiempo académico.

La autonomía universitaria no es un cartel decorativo: es la razón por la que un alumno de Ingeniería en la UAM puede estar presentando un proyecto de termodinámica mientras su mejor amigo del IPN aún ronca en la casa de sus papás. La flexibilidad les permite ajustar exámenes, reorganizar laboratorios o alargar recesos para que los profesores cumplan con investigación y no solo con clase.

Lo que nadie cuenta es el costo social. Las parejas que estudian en distintas instituciones ven alteradas sus agendas laborales, los roommates discuten quién debe limpiar cuando uno ya tiene exámenes y el otro aún vacaciones, y los negocios estudiantiles —fotocopiadoras, tacos de medio día, apps de transporte— registran caidas de hasta el 40 % en ingresos durante esos días de desfase.

Descuentos que no esperan a nadie

Descuentos que no esperan a nadie

La ventaja, esta vez, va por barrios. Los viajes de última hora a Oaxaca o Guanajuato cuestan menos si se compran con credencial vigente, pero las plataformas no distinguen entre politécnico y universitario: el código vale desde el 30 de marzo, y si tu escuela decide alargar el receso, el precio sube. La lección: quien regresa primero también paga menos.

La cifra habla por sí sola: más de 350 mil estudiantes de educación superior en la Ciudad de México no volverán a clase el mismo día. Eso es casi la población de Hermosillo desplegada en micros, metrobuses y peseros sin rumbo común. El caos es menor que en años anteriores —la pandemia enseñó a las universidades a avisar con anticipación—, pero el desconcierto persiste entre quienes confunden la autonomía con caos calendarizado.

El mensaje es claro: en la educación superior mexicana no existe un “primer día de clases nacional”. Cada institución es un reloj que se pone a sí mismo, y los alumnos aprenden a vivir con la asincronía como quien convive con el clima: se adapta o se moja.