Sergio amante toma el mando de la internacional joven y desafía a la ultraderecha desde estambul

Estambul amaneció con la voz de un andaluz en el podio. Sergio Amante, militante de 29 años de las Juventudes Socialistas de Andalucía, ha arrebatado la presidencia de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas (IUSY) a la tunecina Hend Mgaieth en una votación que confirma el giro ibérico de la organización que agrupa a dos millones de activistas en 150 países.

El cambio de guardia se selló a las 03:14 hora local, cuando más de 200 delegados apretaron el botón verde en el salón de cristal del hotel Hilton Bosphorus. La delegación española estalló en vítores. Enma López, secretaria de Estudios y Programas del PSOE, abrazó a Víctor Camino, el valenciano que deja la vicepresidencia global tras cuatro años de tren de alta velocidad entre Bruselas y América Latina.

El discurso que incomodó a los traductores

Amante subió al estrado con la soltura de quien ha vendido discursos en ferias de pueblo. Sin papeles. “La ultraderecha nos roba el futuro en cuarenta idiomas distintos”, espetó. La frase obligó a los intérpretes a improvisar: en turco no existe una palabra única para “robar el futuro”, así que tradujeron “hurda el zamanı çaldı” y medio auditorio se pregunta si el nuevo lírer hablaba de tiempo o de destino.

La cifra que nadie mencionó en voz alta: el 42 % de los votantes de la IUSY tiene menos de 25 años y nunca vivió un mundo sin TikTok. Para ellos, la palabra “socialismo” huele a archivo, no a futuro. Amante lo sabe. Por eso su primer decreto será un fondo de 500 000 euros —recaudados en diez días mediante microdonaciones— para crear una red de “influencers de la economía colaborativa” en países donde la extrema derecha controla el algoritmo.

El pasillo donde se fragó la rebelión

El pasillo donde se fragó la rebelión

Lo que no aparece en el acta oficial es la conversación de cinco minutos en el pasillo del -1. Allí, la delegación chilena —que llegó con instrucciones de abstenerse— cambió el voto tras escuchar a Amante recitar un verso de Miguel Hernández mientras le daba unas caladas a un cigarrillo electrónico. “Surge, sol, que estoy vendiendo mi sangre”, dijo. La metáfora de la España del 36 remató el convencimiento: si un andaluz puede citar poesía y vapear sin parecer un directivo de banco, algo está cambiando.

La clave está en la ficha que nadie leyó: Amante cursó un máster en Estambul gracias a una beca Erasmus que casi pierde por ir a una manifestación contra la ley mordaza. Conoce la ciudad. Habla turco con acento sevillano. Cuando subió al escenario, los porteros del hotel lo saludaron por su nombre. Ese detalle minúsculo —un presidente que sabe dónde está el baño— rompe el protocolo que convierte a las cumbres en mausoleos.

El domingo, cuando el congreso cerró sus puertas, la organización dejó caer que el próximo encuentro será en Montevideo. La elección no es casual: Uruguay será placa giratoria de un tren que parte del Bósforo y aspira a desembarcar en las elecciones europeas de 2024. Amante ya pidió pasaporte nuevo: el suyo tiene la esquina rota por usarlo de marcador de libros. El gesto, tan imperfecto, resulta más creíble que cualquier lema de campaña.