Sheinbaum activa el suministro de crudo a cuba mientras trump cede ante la urgencia del kremlin

La isla respira. Claudia Sheinbaum confirmó que su gobierno negocia con La Habana para reabrir el grifo del petróleo mexicano justo cuando Donald Trump claudica y admite que “no tiene ningún problema” con que Moscú alimente con crudo a Cuba. La jugada desbloquea un cerco energético que llevaba dos meses asfixiando a 11 millones de cubanos.

El giro que nadie vio en el horizonte de matanzas

El domingo, mientras un petrolero ruso fondeaba frente a la bahía de Matanzas, Trump concedía en cámara lo que su propia orden ejecutiva del 29 de enero vetaba: “Tienen que sobrevivir”. La frase, lanzada con el desparpajo de quien cambia de canal, desmontó la retórica de castigo y abrió la puerta a un triángulo México-Cuba-Rusia que Sheinbaum ya tenía dibujado en su agenda.

La mandataria capitalina lo dejó claro en la conferencia de las 7 de la mañana: “Estamos trabajando con ellos”. El “ellos” es La Habana; el “trabajo” es un plan logístico que retoma los envíos de crudo que México ya hacía antes del embargo silencioso impuesto por Washington. El detalle: no habrá anuncios estruendosos. “Si se envía petróleo, se informará”, dijo, como quien avisa que el barco zarpó pero sin fecha ni bandera mediática.

La isla necesita 100 000 barriles diarios y solo extrae 40 000. El déficit se traduce en apagones de hasta 14 horas y colas que devoran la mitad del día. La ONU ha calificado el cerco petrolero de “acción que vulnera derechos humanos”, pero el lenguaje diplomático no enciende generadores. Lo que enciende es el crudo, venga de donde venga.

El arancel que se desinfló sin estridencias

El arancel que se desinfló sin estridencias

Sheinbaum recordó que los aranceles que Trump anunció en enero para castigar a los proveedores de Cuba “después disminuyeron”. No dio porcentajes ni decretos; bastó con una pausa y una sonrisa de quien sabe que el enemigo del bloqueo es el tiempo. El Kremlin, por su parte, ya prometió “ayuda humanitaria” que llega en forma de barcos oscuros y banderas de conveniencia.

México y Venezuela fueron durante años los pilares energéticos de la revolución. Ahora, con Caracas tambaleándose bajo sanciones y Maduro negociando oxígeno político, el peso de la solidaridad latinoamericana recae en Pemex. La empresa estatal, que ya envió 100 000 barriles en septiembre, tiene en sus tanques el suficiente excedente para mitigar el apagón cubano sin alterar el mercado interno. El problema no es el crudo; es el miedo a las secuelas diplomáticas.

La Casa Blanca, ocupada en una guerra comercial con China y una guerra de tweets en casa, parece dispuesta a mirar hacia otro lado. La frase de Trump —“no tengo ningún problema”— suena a carta blanca, pero también a advertencia: hoy se tolera, mañana se castiga. En ese vaivén vive la diplomacia mexicana, que prefiere los acuerdos verbales a los tratados escritos.

Cuba, mientras tanto, ya prepara sus termoeléctricas para quemar el crudo que llegue. La economía de la isla se contrajo un 2 % en 2024 y el PIB de 2025 depende de que esos motores no se detengan. La historia se repite: en 1991, cuando Moscú cerró el grifo soviético, Cuba entró en el “período especial”. Ahora, tres décadas después, el petróleo vuelve a ser la moneda de supervivencia.

Sheinbaum lo sabe. Por eso no habló de geopolítica ni de bloqueos. Habló de “ayuda humanitaria” y de “acuerdos comerciales”. Dijo que la decisión se tomará “en ese contexto”, como quien elige entre dos males y elige el que deja respirar a un pueblo entero. El barco aún no ha partido, pero el humo negro que saldrá de sus chimeneas ya perfuma el aire de La Habana. Y en el tablero del Caribe, México acaba de mover ficha.