Sheinbaum frena la gasolina cara: pacta con gasolineros y congela el litro de magna en 24 pesos
El barril se dispara en el Mediterráneo, pero en México la gasolina magna sigue atada a 23.99 pesos. Claudia Sheinbaum lo logró este lunes: convocó a los dueños de las 12 600 estaciones del país, les mostró el alza del petróleo por el riesgo de cierre del Estrecho de Ormuz y les pidió un favor que no podían negar: congelar el precio antes de que el paisaje electoral se torche.
El diesel, el talón de aquiles del transporte
El trato tiene fisuras. El diésel se escapó del cerco. Mientras la magna duerme en el mismo precio desde hace 365 días, el diésel trepó a 28.28 pesos y allí se estancó. Sheinbaum lo sabe: cada peso que suba el transporte de carga se convierte en 0.4 puntos de inflación en la canasta básica. Por eso esta semana Pemex revisa sus tarifas en terminal y el gobierno le pide a los distribuidores un segundo recorte «voluntario». La palabra clave es voluntario: no hay decreto, solo la presión de una presidenta que necesita que el transporte no encarezca el tomate.
El mecanismo es tan simple como discreto. El fisco reactivará el estímulo fiscal al IEPS —ese impuesto que se cobra para que no exista— si el crudo Brent supera los 85 dólares y el precio de referencia internacional arrastra al mayoreo. Es decir: el erario absorberá el golpe antes de que llegue a la bomba. El costo: 1 600 millones de pesos mensuales si el barril se queda en 90. Un seguro de vida para la economía doméstica que ya nadie llama «gasolinazo».

La procuraduría sale a cazar abusivos
César Iván Escalante, el procurador que heredó la tarea de vigilar 67 000 puntos de venta, sacó la lista de precios semanales y la convirtió en arma. Cada lunes publica el piso y el techo legal de magna, premium y diésel por alcaldía. La trampa: si un gasolinero cobra arriba del tope, no va a la cárcel; recibe una multa que empieza en 3 000 pesos y termina en 160 000 si reincide. La amenaza funciona: en lo que va del mes, 214 estaciones ya bajaron el precio tras la llamada de un inspector.
La ironía es que la estrategia depende del enemigo que juró combatir. Sheinbaum criticó durante años el «pacto por el petróleo» de Peña Nieto; ahora usa el mismo artilugio: acuerdos de cámara, tarifas de Pemex en terminal y estímulos fiscales que aplazan el shock. La diferencia es el timing: ella lo hace cuando la guerra en Medio Oriente amenaza con regalarle una inflación de 6 % justo en el año previo a las elecciones de 2026.
El litro magna, entonces, se ha convertido en el termómetro de un gobierno que no puede darse el lujo de que la caldera estalle. Mientras el crudo siga en máximos, la presión sobre las refinerías, los gasolineros y el erario crecerá. Sheinbaum lo sabe: el día que el diésel rompa los 30 pesos, el tomate y la tortilla hablarán por ella. Por ahora, la magna duerme a 23.99 y el reloj corre a favor del Palacio Nacional. El precio de la gasolina ya no es un problema técnico; es la línea de flotación de un sexenio.
