Sicarios liquidan a alias corni y un testigo ocular en sabanalarga: atlántico respira miedo
La noche del sábado 28 de marzo de 2026, Sabanalarga no escuchó campanas: escuchó ráfagas. Dos hombres muertos, uno herido y un barrio entero que aún trata de entender por qué los sicarios no se conformaron con acribillar al objetivo y también ejecutaron a quienes los vieron pasar.
El ataque que nadie pudo evitar
A eso de las 8:00 p.m., una moto se detuvo frente a la parroquia La Divina Misericordia. Dos hombres armados bajaron, entraron a la vivienda de alias Corni y dispararon hasta dejarlo en el suelo. La Policía del Atlántico confirma: el blanco tenía anotaciones por falsedad marcaria, porte de estupefacientes, hurto y concierto para delinquir. Pero eso no explica la saña.
Corni salió con vida del ataque. Llegó al centro asistencial con múltiples impactos y la noche lo devoró antes que los médicos pudieran contener la hemorragia. Murió a las 10:12 p.m.

Testigos que no podían vivir
Los sicarios salieron tranquilos. En la puerta se toparon con dos hombres que, sin proponérselo, se convirtieron en evidencia ambulante. Les dispararon sin mediar palabra. Uno cayó muerto; el otro, grave, sigue conectado a tubos en una UCI. Ninguno tenía relación con Corni. La Policía lo repite como si eso calmara a los parientes: eran solo miradas que cruzaron la muerte.

Rastro de hipótesis y pistas frías
El comando de Inteligencia ya revisa cámaras de seguridad, pero Sabanalarga no es Medellín: hay pocos ojos electrónicos y muchos miedos. Los investigadores barajan la guerra entre micro-tráfico o un ajuste de cuentas que viene desde Barranquilla. Mientras, el barrio Ferrocarril sumó su propia víctima esa misma tarde: Gary Enrique Padilla Insignares, 45 años, seis tiros en cabeza y tórax. Su muerte, a metros de su terraza, alimenta el rumor de que los mismos sicarios limpian rutas y testigos en un solo viaje.
La línea 123 recibe llamadas, pero las respuestas no llegan. El Atlántico cierra marzo con 42 homicidios, 9 más que en el mismo mes de 2025. La cifra habla por sí sola: el miedo ya es vecino que no paga arriendo.
