Stellantis frena motores en argentina: despiden un turno y abren salida voluntaria

La fábrica de El Palomar dejará de tener dos turnos en mayo. Stellantes habla de 'reacomodar' volúmenes; los operarios hablan de despidos encubiertos. El motivo: la caída del 30 % en la producción nacional y un mercado brasileño que ya no absorbe el excedente argentino.

La fábrica que no para ya no para

La línea donde nacen el Peugeot 208 y el 2008 perderá la noche. Ese fue el mensaje que llegó esta tarde a los 1.900 trabajadores de El Palomar: el segundo turno desaparece y, de regalo, la empresa ofrece retiros voluntarios con indemnización 'diferenciada'. Nadie firmó aún, pero todos saben que la puerta giratoria ya está en marcha.

La cifra habla por sí sola: en enero y febrero la argentina armó 50.630 autos, 21.900 menos que en el mismo bimestre del año pasado. El stock se acumula en los playones de Puerto Ingeniero White mando a Brasil se desploma un 23 %. El negocio dejó de ser rentable y Stellantis no tiene empacho en decirlo: 'Hay que ajustar la estructura a la demanda real', explicaron fuentes de la filial local sin titubeos.

Pero hay un detalle que la empresa no mencionó: el 62 % de los autos que salen de El Palomar usan componentes importados que, por el cepo cambiario, llegan tarde y más caros. Cada 208 que se ensambla en Buenos Aires lleva un 40 % de piezas brasileñas; con el real devaluado, esas piezas subieron 38 % en pesos en los últimos seis meses. El resultado: ensamblar un auto nacional sale más caro que traerlo hecho de Porto Real. Y eso es exactamente lo que están haciendo los concesionarios: importaciones récord, licencias automáticas y un dólar que nadie quiere gastar en autopartes.

El efecto dominó que naden cuenta

El efecto dominó que naden cuenta

La suspensión del turno no es un problema solo para los metalúrgicos. El Palomar concentra el 14 % de la producción nacional y nutre a 37 proveedores pymes en Campana, Zárate y Pacheco. Ayer, antes del anuncio formal, ya llegaban los primeros fax de reprogramación de pedidos. 'Nos bajan un 30 % el volumen desde mayo; si esto se extiende, tocamos fondo en julio', cuenta el dueño de una fundidora de cajas de cambio que da trabajo a 80 operarios.

El gobierno, por ahora, mira para otro lado. El ministerio de Economía prometió un 'plan de competitividad automotriz' en diciembre y todavía no presentó el borrador. Mientras tanto, la secretaría de Industria le concedió a Stellantis un beneficio de devolución de 5 % del valor FOB de cada auto exportado, pero la medida llegó tarde: Brasil ya no compra y el resto de los mercados prefieren los modelos hechos en México, donde el costo laboral es 40 % menor.

La terminal y el sindicato se sentarán la semana que viene. El SMATA pide que el turno suspendido se traslade a una 'bolsa de trabajo' con 80 % del salario; la empresa insiste en que el retiro voluntario es 'una oportunidad'. Entre tanto, los operarios hacen cuentas: el plan ofrece 18 meses de sueldo, pero con la inflación proyectada al 130 % anual ese dinero se licuará antes de fin de año.

El feriado de Semana Santa será el último que la fábrica trabaje a dos turnos. Después, la cadencia será la de un reloj que se desarma: primero desaparece la noche, luego los sábados, después quien sabe. El 2008 que ayer se despachó a Río Grande do Sul será, durante un tiempo, el último en salir con el sello 'Hecho en argentina' pegado al paragolpes trasero. Dentro de seis meses, si la demanda no repunta, El Palomar podrá pasar a ser solo un centro logístico donde se estampan patentes a autos que nacieron en otro país. La fábrica que no para ya no para, y el silencio que queda después del último turno suena a cierre definitivo.