Tasqueña renace: doble andén y techo blindan el tren ligero para el azteca

A las 14:00 del 28 de marzo, cuando el sol castigaba la calzada de Tlalpan, la terminal Tasqueña abrió sus torniquetes como quien levanta la cortina de un estreno. Seis meses de ruido de taladro, polvo y cancelaciones quedaron atrás. El primer tren eléctrico salió con destino Xochimilco repleto de aficionados que coreaban «¡Cielito lindo!» y llevaban la camiseta verde a rastras. El motivo: el regreso de la Selección Mexicana al Estadio Azteca, sí, pero también la vuelta de un servicio que muchos daban por muerto.

De andén único a doble vía: la ingeniería que evitó el caos

Lo que nadie cuenta es que la antigua Tasqueña era una trampa diaria. Un solo andén obligaba a embarque y desembarque en el mismo espacio; un paraguas abierto o un vendedor ambulante bastaban para colapsar el flujo. Ahora los andenes se miran de frente, separados por rieles nuevos y una marquesina de acero blanco que se extiende 180 metros. La cubierta, perforada como una hoja de papel de amate, filtra la luz y amortigua el ruido; cuando llueva, la operación seguirá porque la vía quedó bajo techo. El proyecto costó 1 400 millones de pesos, según la Secretaría de Movilidad, pero la cifra habla por sí sola: 50 000usuarios diarios dejarán de mojarse los zapatos.

Las nuevas unidades, denominadas «El Ajolote», redujeron el tiempo de recorrido en ocho minutos. El sábado pasado, el tren partió cada cuatro minutos en lugar de cada quince. Lo que antes era un tumulto ahora es un baile de torniquetes que se abren y cierran al ritmo de los códigos QR.

El anillo urbano que brugada no quiere que olvides

El anillo urbano que brugada no quiere que olvides

Clara Brugada recorrió la zona antes del pitido inicial. No era una foto protocolaria: caminó el puente peatonal que conecta la terminal con la explanada del Azteca, repavimentado con concreto hidráulico, y se detuvo en el parque Alegría Tecuiche, donde antes había un basurero. El mensaje fue directo: «Estas obras no son para un partido, son para la Copa 2026 y para el día después». En el CETRAM Huipulco, los autobuses concesionados ya no se estacionan como boyscouts perdidos; hay pasillos pintados de colores y andenes numerados que obligan a la competencia a respetar fila.

La Calzada de Tlalpan brilló esa noche con 34 km de luminaria LED. Quienes salieron del estadio a las 23:30 encontraron banquetas sin baches y árboles recién plantados que olían a tierra mojada. El efecto dominó: los comercios de la zona extendieron horarios y los vendedores de tlacoyos duplicaron existencias.

El domingo 29, con el estadio vacío, la terminal siguió llena. Familias completas subían a Xochimilco para evitar el tráfico del centro. El tren, que parecía un juguete olvidado, volvió a ser el pulmón sur de la ciudad. La lección: cuando el gobierno apuesta por obra tangible y no por anuncio, el usuario lo nota en los zapatos, en el reloj y en la cartera. Tasqueña dejó de ser un lugar para perder el tiempo; ahora es la puerta que cierra la herida de seis meses y abre, sin estridencia, la antesala del Mundial.