Colombia desenchufa al banco: 12 millones dejan su iphone como aval para escapar del 'gota gota'

Doce millones de colombianos tienen la palabra no grabada en la frente crediticia. Bancos, cooperativas y cajas les cierran la puerta porque sus nombres aparecen en las listas con puntaje cero. La solución no llega de un ministerio ni de una superintendencia: nace en un depósito de Medellín donde un iPhone 12 se convierte en ticket de entrada al dinero.

El mecanismo es brutalmente simple. Entras a Trego, llenas cuatro campos, subes una foto de tu portátil y en menos de diez minutos te dicen cuánto vale tu vida en pesos. El algoritmo no pregunta por ingresos formales ni por carta de trabajo; solo calcula cuánto cotiza tu MacBook en Mercado Libre y fija un préstamo al 60 % de ese valor. La tasa diaria no llega al 0,3 %, lejos del 1,9 % que cobra el gota gota que acecha en las esquinas de Bogotá.

El colchón de whatsapp que reemplaza al banquero

El último paso del trámite ocurre en un chat. Allí un operador confirma que tu moto está en el garaje, te envía un código QR y programa la recogida. El mensaje incluye la fecha exacta en que recuperarás tu bien si cumples con los pagos. No hay letra pequeña porque todo quedó grabado en audio. El 90 % de los clientes repite, según la firma, y muchos usan el mismo celular como aval cada mes: lo entregan el lunes y lo rescatan el viernes tras pagar 25 000 pesos de interés.

La cifra habla por sí sola: en Antioquia, donde la aplicación arrancó, el 38 % de los usuarios nunca había tenido un producto bancario. Ahora aparecen como sujetos de crédito en centrales de riesgo gracias a un préstamo que empezó con un televisor Samsung de 50 pulgadas. El Banco de la República los contabiliza como «nuevos incluidos», aunque ellos solo querían pagar la matrícula del colegio.

El país que castiga al informal y luego se quebra

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El sistema tradicional exige 500 puntos en el score crediticio, pero un rebuscador que gana 80 000 pesos diarios nunca los alcanza. La paradoja: la Constitución lo obliga a cotizar, pero la banca lo declara intocable. Entonces la moto que usa para repartir comida se vuelve su único pasaporte financiero. La deja en custodia, recibe 3 millones y sigue trabajando con una aplicación de rastreo que certifica que no la vendió.

El ministerio de Tecnología celebra la inclusión, pero olvida que detrás de cada préstamo hay un bien que puede perderse. El cliente, eso sí, prefiere arriesgar su iPhone antes que dejarse tatuar con las iniciales del usurero que cobra a diario en la plaza de mercado. La diferencia de tasas entre ambos mundos supera el 600 % anual. La moralejé: en Colombia, tu celular vale más que tu palabra.

La próxima vez que un ejecutivo te pida extractos bancarios de seis meses, recuerda que en el barrio Castilla ya prestan plata mirando la pantalla de un iPhone. El país avanza en zigzag: mientras la banca clásica mastilla papeles, la economía informal desenchufa el modelo y lo reconecta con un cable USB.