Más de la mitad de los adolescentes de ee.uu. fabrican desnudos con ia

El 55 % de los adolescentes estadounidenses ya ha desnudado a alguien con un clic. No se trata de una fantasía adolescente: es el resultado de una investigación publicada en PLOS One que alerta de que la mitad de los menores entre 13 y 17 años ha usado aplicaciones de inteligencia artificial para crear imágenes sexuales explícitas de compañeros, amigos o de sí mismos. La mitad también ha recibido esos archivos. Uno de cada tres ha visto cómo su propio cuerpo era manipulado y difundido sin su permiso.

La generación deepfake nació antes que la ley

El estudio, dirigido por Chad Steel en la Universidad George Mason, descarta que el fenómeno sea anecdótico. Los chicos crean más y las chicas sufren más, pero la brecha es mínima: el 36 % de los menores ha sido víctima de un «nudificador» y el 33 % ha visto cómo la imagen falsificada circulaba por redes o chats. El dato más demoledor: no hay diferencias significativas entre los que tienen 13 y los que están a punto de cumplir 18. La herramienta llega antes que la educación.

El proceso es trivial: se sube una foto real a apps como ClothOff o al chatbot Grok de xAI y en segundos se obtiene una imagen sexualizada. No se genera un cuerpo genérico: se desnuda a una persona concreta, con nombre y apellido. Eso convierte a cada adolescente en un blanco potencial de chantaje, acoso escolar o extorsión. Las celebridades —Taylor Swift y Selena Gómez encabezan la lista— ya han denunciado casos, pero la atención mediática no ha trado barreras técnicas: las apps siguen en los buscadores y sus políticas de uso son papel mojado.

El mercado gris que crece bajo el radar

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Las plataformas prometen filtros y límites, pero la investigación demuestra que las restricciones no reducen el volumen de contenido. El anonimato del dark web y la descentralización de los servidores hacen imposible rastrear al autor original. Mientras, los menños aprenden a borrar metadatos, a usar VPN y a compartir los archivos en canales de Telegram que se autodestruyen en 24 horas. La policía llega cuando la imagen ya ha sido descargada, reenviada y almacenada en decenas de móviles.

El impacto psicológico es brutal: ansiedad, depresión, abandono escolar y, en algunos casos, intentos de suicidio. Los investigadores exigen que la prevención empiece antes de los 13 años y que los legisladores actualicen los delitos de violencia sexual digital. La recomendación es clara: los padres deben hablar de deepfakes con la misma naturalidad con que enseñan a cruzar la calle. La privacidad de los menores ya no es un derecho: es una carrera de fondo contra un algoritmo que desnuda antes que educa.

La próxima víctima probablemente ya tiene la foto en el aula de al lado.