Starlink recorta su catálogo: ahora tu plan fija la antena que toca
SpaceX acaba de retocar el menú de Starlink y, de paso, ha puesto un candado a la puerta del trastero. La compañía ha agrupado sus antenas residenciales en dos únicos modelos —Standard 4 y Standard 4 X— que no se venden, se alquilan, y solo si contratas el plan de velocidad que ellos marcan. O lo tomas, o lo dejas.
La jugada es pura contabilidad: un mismo plato con dos salsas distintas. El Standard 4 viene atado al plan de 100 Mbps y monta el diminuto Router Mini; el Standard 4 X se reserva para los 200 Mbps o más y estrena el Router 3, con triple banda y dos Ethernet de regalo. La antena, la misma. El precio, el que diga tu código postal.
El truco está en la fuente de alimentación
Abrir la caja es descubrir el primer candado. El kit básico incluye una fuente con dos puertos PoE que solo hablan el dialecto propietario de SpaceX. Intentar colgar un router casero es coser y cantar, pero con matices: el Router Mini ofrece un único puerto Ethernet, así que quien quiera redes mesh o cortafuegos externos deberá jugársela con adaptadores. El Standard 4 X, en cambio, trae su propia fuente cilíndrica y deja la antena alimentada desde el Router 3, algo que simplifica cableados pero obliga a cargar con otro ladrillo en el escritorio.
Tim Belfall, instalador de Westend WiFi, lo resume con sorna: «El PoE de Starlink funciona, pero es como un enchufe de pago: te cobran hasta por respirar dentro de su ecosistema».

Alquiler forzoso y peaje variable
Ninguno de los kits se puede comprar. El usuario paga 35–60 € al mes por el plan y, de regalo, la antena y el router. hasta que devuelvas el equipo o faltes al pago. En zonas saturadas, el Standard 4 X puede exigir una cuota de prioridad de 10 € mensuales. Es la versión moderna del antiguo «alquiler del descodificador», ahora con satélites de baja órbita de por medio.
La estrategia reduce inventarios y blinda a SpaceX contra la reventa de hardware. A cambio, el cliente asume una permanencia velada: devolver el kit antes de tiempo activa una penalización que la web no muestra hasta el último clic.
La curva de mando es clara: cuanto más exijas, más pagas y más hardware atado. Starlink no vende internet, vende grados de dependencia. Y, por ahora, la competencia en zonas rurales sigue siendo un buzón lleno de facturas de cobre o la mirada al cielo esperando a que pase otro satélite.