Teherán al filo de la navaja: ¿acuerdo con ee.uu. o guerra en ormuz?

La tensión en el Golfo Pérsico se corta con cuchillo. A horas de que expire el ultimátum de Donald Trump a Irán para reabrir el estrecho de Ormuz, las negociaciones, mediadas por Pakistán, parecen haber experimentado un “paso adelante”, según declaró el embajador iraní en Islamabad, Reza Amiri Moghadam, en su cuenta de X.

La frágil tregua y el ultimátum de washington

La frágil tregua y el ultimátum de washington

La aparente relajación de la situación contrasta con la amenaza explícita del presidente estadounidense, quien ha advertido con “borrar toda una civilización” si Teherán no accede a sus demandas. Un ultimátum que, de cumplirse, desencadenaría una escalada bélica con consecuencias impredecibles para la estabilidad regional y global. El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, ha solicitado una extensión de dos semanas de la moratoria, buscando tiempo para que las conversaciones diplomáticas fructifiquen; una petición que, según fuentes de la Casa Blanca, ha sido recibida por el mandatario estadounidense.

Pero hay un detalle que no debe obviarse: la disparidad de versiones. Mientras Moghadam habla de “respeto y cortesía” en la siguiente etapa de las negociaciones, Trump ha afirmado estar en “negociaciones intensas” con Irán, y una fuente pakistaní citada por CNN anticipa “buenas noticias” a corto plazo. Una cacofonía de información que dificulta discernir la realidad de la retórica.

La cifra habla por sí sola: el estrecho de Ormuz es una de las rutas marítimas más transitadas del mundo, por donde pasa un tercio del petróleo consumido globalmente. Cualquier interrupción del tráfico tendría un impacto devastador en la economía mundial.

La participación de Pakistán como mediador, un país con una delicada relación con Estados Unidos y una estrecha vinculación histórica con Irán, añade una capa de complejidad a este tablero de ajedrez geopolítico. Sus esfuerzos, alabados por Moghadam, podrían ser la última esperanza para evitar una confrontación que nadie desea, pero que, ante la intransigencia de Trump y la creciente presión sobre Teherán, se cierne cada vez más sobre el Golfo Pérsico.