Thiago borbas regresa al césped y revive al oviedo en la trinchera del descenso
El Oviedo respira. Thiago Borbas, el uruguayo que llegó en enero para salvar la temporada, pisó el césped del Carlos Tartiere con sus compañeros tras 26 días de ostracismo. Fue un lunes gris, pero para los azules fue como ver la luz del amanecer después de una tormenta.
El regreso que puede cambiarlo todo
Desde el 4 de marzo, cuando sucumbió ante el Rayo en Vallecas, Borbas se convirtió en un fantasma. Lesión muscular. Silencio. La afición se quedó con la imagen de un delantero que apenas había tenido tiempo de demostrar por qué el club pagó por él. Hoy, Guillermo Almada lo volvió a tener en sus planes. No como titular, no todavía, pero sí como opción real para un domingo que huele a vida o muerte.
Ovie Ejaria, otro que estaba en el limbo, también se sumó a la dinámica. El inglés lleva cuatro meses en el dique seco: su último minuto oficial fue el 7 de diciembre. Se lesionó, volvió a entrar en la convocatoria ante el Espanyol y volvió a romperse. Ahora, ambos se miran en el espejo del Carlos Tartiere y se reconocen: son la última bala.

El sevilla, último eslabón de una cadena de nervios
El domingo a las 18:30, el estadio será un vaso a rebosar. El Oviedo está a ocho puntos de la salvación y el reloj corre en contra. Las cuentas no mienten: o gana, o entra en coma. Almada, que ha perdido ya a Dendoncker, Ahijado y Ilic, tendrá que improvisar con lo que queda. Y con lo que vuelve.
Pero hay un detalle que nadie cuenta: cinco internacionales aún no han regresado. Nico Fonseca y Fede Viñas juegan este martes contra Argelia; Kwasi Sibo lo hace contra Alemania; Hassan, contra Egipto; y Rahim, con Níger. Volverán justo 48 horas antes del partido. El cuerpo técnico teme el jet lag, pero también sabe que sin ellos, el equipo piere mitad de piernas.
La semana será un trance. El Oviedo entrenará a puerta cerrada, pero se rumorea que Almado abrirá una sesión al público para que la afición cargue las pilas. En un vestuario donde el miedo acecha, el regreso de Borbas no es solo una noticia médica: es un acto de fe.
Si el uruguayo entra en la lista del domingo, será el símbolo de una resurrección que nadie esperaba. Y si marca, será un milagro contable: el Oviedo sumaría tres puntos que, de momento, valen más que oro. Pero si falla, si el cuerpo le traiciona otra vez, la temporada se irá al archivo de los sueños rotos. En el Carlos Tartiere, el silencio ya no es opción. O se gana, o se desciende. Y Borbas, por ahora, solo ha vuelto a entrenar. El partido, ese, empieza el domingo. Y ahí sí que no hay segunda oportunidad.
