Transportistas suspenden protestas: ¿silencio o estrategia?

La Asociación Nacional de Transportistas (ANTAC) anunció este martes una pausa, una tregua táctica, en sus movilizaciones que paralizaron tramos carreteros del país. Pero no se equivoquen: esto no es un repliegue. Es un respiro forzado, una consecuencia directa de la escalada de violencia que, según denuncian, ha alcanzado niveles insostenibles, incluso por parte de las propias autoridades.

La represión, el detonante de la pausa

La decisión, comunicada a través de un breve comunicado, se justifica con presuntos actos de represión en Tlaxcala, Veracruz y Chihuahua. La ANTAC acusa a las autoridades de una contradicción flagrante: ausentes ante los robos, agresiones y desapariciones que asolan a los transportistas, pero presentes y activos para reprimir las manifestaciones que buscan visibilizar su precaria situación. Un relato que, de confirmarse, arroja una sombra inquietante sobre la seguridad jurídica en el país.

David Esteves Gamboa, presidente de la ANTAC, no se anduvo con rodeos al señalar que la respuesta de las autoridades fue “duele e indigna”. La organización, aunque no ha revelado cifras concretas de heridos o detenidos, insiste en que la integridad física de sus miembros está en riesgo, no solo por la amenaza del crimen organizado, sino también por la actuación, o inacción, del Estado.

Más allá de lo económico: un reclamo moral

Más allá de lo económico: un reclamo moral

Pero, ¿es esta pausa el fin de la batalla? La ANTAC rechaza categóricamente que su lucha sea meramente económica. Se trata, afirman, de un reclamo moral, una exigencia de supervivencia. Cada día, miles de transportistas se enfrentan a la incertidumbre de no regresar a casa, en un contexto marcado por la violencia y la impunidad. La cifra, escalofriante, habla por sí sola: transitar por México se ha convertido en una sentencia de riesgo. La organización recalca que no existe diálogo posible mientras la inseguridad siga siendo la norma en las carreteras.

El lunes pasado, las protestas, que bloquearon tramos clave del país, generaron reacciones encontradas. Autoridades federales y organismos empresariales pidieron evitar afectaciones a la movilidad y privilegiar el diálogo, mientras la ANTAC mantenía su postura firme: el diálogo es inútil mientras la realidad en el asfalto siga siendo la que es.

La pausa anunciada, por lo tanto, no es una rendición, sino una suspensión temporal. Una reevaluación estratégica. Una forma de recalcar que la presión continuará, aunque por ahora, la prioridad es proteger la vida de quienes se atreven a desafiar la barbarie en las carreteras. La pelota, ahora, está en el tejado del Estado.