Tren lima–chosica: ¿otra promesa rota en la periferia?
El proyecto del tren Lima–chosica, una apuesta largamente esperada para aliviar la congestión en el transporte del Este de Lima, vuelve a la primera línea de batalla. Una reciente demostración, orquestada por el alcalde Renzo Reggiardo, ha reavivado las esperanzas, pero también ha puesto de manifiesto las profundas fisuras que aún separan a la Municipalidad Metropolitana de Lima del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC).
Un despliegue mediático con sombras
La jornada, que incluyó un recorrido de la locomotora por algunos tramos, buscaba, según el propio Reggiardo, “evidenciar que el sistema puede funcionar, al menos en condiciones controladas”. El burgomaestre no dudó en ensalzar las bondades de las unidades adquiridas: acero inoxidable, energía eléctrica, espacio para bicicletas, baños, aire acondicionado y, lo que es más importante, capacidad de circular por propio impulso. Sin embargo, la realidad es que este acto, más que una prueba concluyente, pareció un ejercicio de relaciones públicas destinado a silenciar las críticas acumuladas.
Pero hay un detalle que empaña la narrativa oficial: la propia alcaldía reconoce que el proyecto está lejos de estar listo para recibir pasajeros. La señalización, un componente vital para la seguridad y el correcto funcionamiento del sistema, sigue siendo un punto ciego. Y no es el único. La infraestructura presenta deficiencias que requieren inversiones adicionales, un tema que, convenientemente, se omite en las declaraciones públicas.
La Municipalidad ha solicitado al Ejecutivo la autorización para trasladar una locomotora y cinco coches desde chosica hasta Lima, un movimiento que, lejos de anunciar el inicio de operaciones, se presenta como un mero trámite burocrático.

Un choque de versiones que retrasa el avance
La brecha entre la Municipalidad y el MTC es cada vez más evidente. Mientras la comuna insiste en que el proyecto está “listo para dar el siguiente paso”, el sector Transportes se muestra mucho más cauteloso, recordando que el permiso solicitado por la municipalidad se limita al traslado de material rodante y que aún faltan obras cruciales: paraderos, estaciones, y, por supuesto, la liberación de las vías invadidas, un dolor de cabeza persistente.
La falta de acuerdo no solo ha generado confusión sobre el estado real del proyecto, sino que también ha contribuido a un clima de desconfianza que se extiende a los vecinos de chosica, quienes, a pesar de la necesidad de una solución de transporte eficiente, albergan serias dudas sobre la viabilidad del proyecto. Unas dudas comprensibles, considerando que las unidades adquiridas durante la gestión de Rafael López Aliaga permanecen, en su mayoría, almacenadas y cuestionadas por su estado técnico.
El tren Lima–chosica, un proyecto que prometía conectar el Este de Lima con el centro de la capital, se encuentra, una vez más, atrapado en una espiral de demoras, permisos pendientes y desacuerdos institucionales. La cifra habla por sí sola: desde su llegada al país, el proyecto ha arrastrado problemas y ha generado más incertidumbre que soluciones. Quizás, en lugar de celebrar pruebas aisladas, sea el momento de cuestionar si esta promesa de movilidad sostenible no se ha convertido en una costosa ilusión.