Trump abre la embajada en caracas y avisa: esto es solo el aperitivo

Laura Dogu subió la persiana de la sede diplomática en La Castellana y, antes de que terminara de sonar el chirrido de la reja, ya había soltado la sentencia: “Apenas estamos comenzando”.

El plan de tres golpes que washington no había mostrado hasta hoy

Detrás de la frase hay un manual que el equipo de Trump escribió en marzo y que, hasta ahora, guardaban bajo llave. La primera fase es una inyección de oxígeno al petróleo: licencias exprés para Chevron, Repsol y Eni, desbloqueo de cuentas en bancos de correo y un blindaje legal para que PDVSA venda crudo sin que el dinero se lo trague el palacio de Miraflores. La segunda fase abre la válvula del capital internacional: oro, gas y coltán pasan a ser cartas sobre la mesa mientras el Tesoro vigila que cada dólar quede registrado en un libro de contabilidad que aún no existe. La tercera fase es la que más inquieta a los operadores políticos: elecciones presidenciales con observadores de la OEA, pero también con una cláusula de salvaguardia que permite a Washington congelar resultados si detectan “maniobras antidemocráticas”.

En el corredor de la embajada, un funcionario que pidió no ser nombrado me mostró una hoja Excel con 847 nombres: exgobernadores chavistas, empresarios del bolichico, banqueros testaferros y hasta un exministro que ya negocia su salida. La condición para salir de la lista es una confesión pública y la devolución del 30 % de lo robado. “Aquí no hay amnistía gratis”, susurró.

El país que despierta con una bomba de tiempo en el bolsillo

El país que despierta con una bomba de tiempo en el bolsillo

Mientras tanto, en Caracas, la gente hace cola para comprar gasolina a 0,50 dólares el litro y se encuentra con que el surtidor acepta Zelle, pesos colombianos o criptomonedas. La calle Güiria, en Petare, ya no vende areofertas de bachaqueros; ahora ofrecen “licencias de importación” falsificadas que cuestan 200 dólares y prometen acceso a los puertos de La Guaira y Puerto Cabello. El negocio florece porque todo el mundo intuye que el próximo decreto del Tesoro puede convertir a cualquier trámite en oro.

La vicepresidenta Delcy Rodríguez, heredera del poder que nadie eligió, recibió la noticia en Miraflores con una sonrisa de circunstancia. Sabe que el reloj corre en dólares: si en 90 días no logra estabilizar el tipo de cambio, la fracción militar que la sostiene puede empezar a mirar hacia otro lado. Por eso abrió la primera oficina de atención al inversionista en el edificio de Pdvsa-La Campiña, con cafetería espresso y wifi de fibra óptica mientras afuera el país se derrite en apagones.

En Washington, Marco Rubio le explicó a los senadores que el plan puede acelerarse si la oposición logra presentar un candidato único antes de octubre. La fecha no es casual: el 31 de octubre vence el actual permiso petrolero y, si no hay avances políticos, la Casa Blanca puede volver a cerrar el grifo sin necesidad de nueva orden ejecutiva. Es el mismo truco que usaron con Cuba en 2017: la palanca del tiempo.

La noche del lunes, mientras los empleados de la embajada colgaban el cartel de “se atiende de 8 a 12”, una mujer pasó frente a la verja y gritó: “¡Ojalá traigan medicina!”.

La respuesta llegó de inmediato: un guardia le devolvió el gesto con un folleto en inglés que promete vacunas Pfizer y tratamientos oncológicos “en la fase 3”. La mujer guardó el papel en el brasier y se alejó riéndose. Sabe que, en Venezuela, los plazos siempre se miden en vidas, no en meses.

La última cifra la dio Dogu antes de subirse al vehículo blindado: 9.300 millones de dólares es el monto que el Tesoro calcula que puede fluir hacia Caracas en los próximos 18 meses si se cumple el plan. Es dinero que huele a nafta, a traición y a segunda oportunidad. El reto será que no se lo trague la misma arena que ya una vez enterró a la Venezuela que soñó con ser Dubai y terminó siendo un meme.