Trump amenaza con apoderarse del petróleo iraní y desata la tormenta en el golfo

El presidente Donald Trump ha vuelto a la carga con una idea que muchos consideraron descabellada hace años: tomar el petróleo de Irán. Esta vez no es una boutade de campaña. El mandatario ha puesto sobre la mesa la ocupación de Jarg, la isla-terminal por donde fluye el 90 % del crudo iraní, y advierte de que 20 petroleros podrían ser interceptados cuando intenten cruzar el estrecho de Ormuz este lunes.

La jugada que enciende el estrecho

Pentágono y Departamento de Estado llevan días dibujando un mapa de escenarios que incluye bloqueo marítimo, sabotaje de infraestructura y despliegue de portaaviones. El objetivo: asfixiar la economía de Teherán sin disparar un solo misil, aunque los mandos militares advierten de que cualquier movimiento sobre Jarg supone una declaración de guerra encubierta. Irán, por su parte, ha movilizado la Guardia Revolucionaria y promete cerrar el grifo del Golfo si tocan su terminal estrella.

El crudo ha respondido con un salto del 8 % en las primeras horas de la sesión asiática. A las bolsas no les ha gustado nada la foto: un petrolero en la mira, un presidente que habla de confiscar recursos y un estrecho que concentra el 20 % del petróleo mundial.

Mientras tanto, la nasa da la vuelta a la luna

Mientras tanto, la nasa da la vuelta a la luna

En el otro extremo del tablero, Jared Isaacman, el nuevo administrador de la NASA, ultima el lanzamiento de Artemis II para este miércoles. Será la primera vez que astronautas humanos orbiten la Luna desde 1972. La misión, que partió del odio de Trump a la dependencia de Moscú y Beijing, se ha convertido en un símbolo de poder blando: mientras Washington debate saquear yacimientos, también quiere mostrar que puede mandar a sus mejores pilotos a 384.000 kilómetros de distancia sin pedir permiso.

Los ángeles se rebela contra la fiebre del dato

En el sur de California, el icónico Puente Hills Mall —donque Marty McFly escapó en su DeLorean— vuelve a ser noticia. Ahora la amenaza no es Biff Tannen, sino Amazon y Microsoft, que quieren convertir el centro comercial en un colosal data-center para alimentar la inteligencia artificial

. Vecinos y comerciantes ven en el proyecto el fin del Oeste tal como lo conocen: ruido de refrigeradores 24 horas, consumo de agua desmesurado y valoraciones inmobiliarias por las nubes. La batalla campal se librará en el ayuntamiento de Los Ángeles la próxima semana, con activistas que prometen encadenarse a las puertas del mall antes que permitir otro gigantesco hangar de servidores.

Miami, la ciudad donde se olvidó el freno

Si alguien quiere entender por qué el petróleo iraní sigue siendo tentador, basta con mirar el tráfico de Miami. Dos informes independientes acaban de coronar la ciudad como la peor para conducir y la segunda más congestionada del país, solo por detrás de Los Ángeles. Promedio de accidentes: uno cada 4 minutos. Tiempo perdido en atascos: 94 horas al año. El alcalde promete carriles-bici y metro gratuito, pero los conductores ya han encontrado su refugio: SUV de 600 caballos que consumen más que un pequeño pueblo. La ironía: cuanto más caos, más petróleo se quema, y más urgente suena la idea de Trump de llenar los depósitos robando el crudo ajeno.

La semana arranca con un planeta que mira al cielo y otro que se agarra al barril. Entre ambos, la misma certeza: quien controla el petróleo, controla el relato. Y nadie quiere perder su turno de hablar.