Trump desafía al supremo en batalla por la ciudadanía: ¿el fin de un derecho?

Washington se prepara para un enfrentamiento histórico. El expresidente Donald Trump, desafiando las convenciones y avivando la polarización, asistirá este miércoles a la sesión de la Corte Suprema donde se debatirá la legalidad de su orden para restringir la ciudadanía por nacimiento. Un movimiento que, de prosperar, podría afectar a cientos de miles de niños y redefinir los cimientos de la Constitución estadounidense.

Una promesa de campaña que regresa con fuerza

Una promesa de campaña que regresa con fuerza

La medida, firmada por Trump en su segundo mandato (un mandato cuya legitimidad aún genera controversia), busca limitar la ciudadanía automática para hijos de padres indocumentados o con visados temporales. Lo que comenzó como una promesa de campaña, un grito de orden en medio de una retórica antimigratoria exacerbada, se ha materializado en una confrontación directa con el sistema judicial. La ironía es palpable: Trump, que se presenta como defensor de la Constitución, ataca uno de sus pilares fundamentales.

La Corte Suprema ya le dio la razón a Trump en junio de 2023, levantando las trabas impuestas por tribunales inferiores. Sin embargo, ahora se adentra en el terreno más delicado: el propio derecho consagrado en la Enmienda 14, un derecho que ha garantizado la ciudadanía estadounidense a las personas nacidas en territorio nacional desde la era de la Reconstrucción, tras la Guerra Civil. Un derecho, en palabras de sus defensores, fundamental para la identidad nacional.

Trump, en una reinterpretación histórica cuestionada, argumenta que la Enmienda 14 se promulgó para proteger a los hijos de los esclavos, no para beneficiar a quienes, según él, buscan “tomarse unas vacaciones para obtener la ciudadanía”. Una simplificación que ignora la complejidad histórica y legal del debate.

El estudio del Migration Policy Institute proyecta que, de fallar la Corte a favor de Trump, alrededor de 255.000 niños al año podrían verse privados de la ciudadanía estadounidense. Un número que, más allá de las cifras, encierra la historia de miles de familias y la incertidumbre de un futuro incierto. La Corte, con su mayoría conservadora (6-3), se encuentra ante una decisión que trascenderá la política migratoria y dejará una huella imborrable en la jurisprudencia del país.

No es la primera vez que un presidente se relaciona con el Supremo, pero la asistencia de Trump a esta sesión, en pleno ejercicio de su influencia política, es un gesto sin precedentes. Recordemos a Richard Nixon, que defendió un caso ante la Corte, o a William Howard Taft, quien llegó a presidir el tribunal tras su presidencia. Pero ninguno había presenciado, con la contundencia de su presencia, un debate que amenaza con desmantelar un derecho constitucional.

Mientras expertos legales y defensores de los derechos humanos advierten sobre el peligro de una decisión que socava la Constitución, Trump reafirma su posición, convencido de que está corrigiendo una injusticia. El futuro de la ciudadanía estadounidense, para miles de niños, pende de un hilo.