Trump desmantela la otan: ¿el fin de una era?
La Alianza Atlántica tiembla. Donald Trump, desde su campaña y ahora en su posible retorno a la Casa Blanca, ha lanzado una bomba que podría redefinir el mapa geopolítico: la posibilidad real de abandonar la OTAN. Sus declaraciones, vertidas al 'Telegraph', no son una simple amenaza, sino una escalada en una retórica que ha mantenido en vilo a los aliados europeos durante años.

La cuenta atrás para la otan
No se trata de una simple reconsideración, según las palabras del expresidente. “Nunca me dejé influir por la OTAN”, sentenció, calificándola de “tigre de papel”. La justificación, recurrente en su discurso, es la falta de reciprocidad: Washington se siente desamparado por sus socios europeos, especialmente en el contexto de la crisis en Irán. La negativa de potencias como Alemania, Francia y Reino Unido a participar activamente en una misión naval en el Estrecho de Ormuz, sumada al veto de España e Italia al uso de sus bases militares, han exacerbado la frustración de Trump.
Pero hay un detalle que escapa a la narrativa simplista de la falta de apoyo. La ayuda militar estadounidense a Ucrania, un país que, según Trump, “no era nuestro problema”, contrasta con la aparente inacción europea en el Golfo Pérsico. La cifra habla por sí sola: Washington ha inyectado miles de millones de dólares en Kiev, mientras que la contribución europea a la seguridad global se percibe como insuficiente, al menos desde la perspectiva de Trump.
Marco Rubio, secretario de Estado en el gobierno Trump, ha intensificado la presión, instando a una “reevaluación del valor de la OTAN”. La pregunta que plantea es brutalmente directa: ¿sigue esta alianza cumpliendo su propósito, o se ha convertido en una calle de sentido único? Una calle donde Estados Unidos siempre está dispuesto a ofrecer, pero rara vez recibe.
La ironía reside en que, mientras Trump denuncia la falta de compromiso europeo, sus políticas proteccionistas y su desprecio por el multilateralismo han erosionado precisamente la confianza que sustenta cualquier alianza internacional. La OTAN, concebida como un baluarte contra la amenaza soviética, se enfrenta ahora a un enemigo interno: un presidente estadounidense dispuesto a desmantelarla si considera que no sirve a sus intereses.
El gesto de España e Italia, vetando el uso de sus bases, no es más que la punta del iceberg de una creciente insatisfacción dentro de la OTAN. La estrategia de Trump, como siempre, es la confrontación. Pero esta vez, las consecuencias podrían ser mucho más graves.
La partida está en marcha. Y el tablero, como nunca antes, está en juego.